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| José María Rosa, presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (1958). |
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Combate naval de Obligado (por Ulderico Todó).
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| Juan Manuel de Rosas. |
LA VUELTA DE OBLIGADO Y LA TRAICIÓN DE LOS LIBERALES DE AYER Y DE HOY*
20 de noviembre de 1845-20 de noviembre de 1958
El Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, ha creído indispensable recordar al país, los antecedentes de la acción que tuvo por escenario la llamada Vuelta de obligado sobre el Río Paraná, el 20 de noviembre de 1845, como homenaje a la resistencia de los argentinos frente a la invasión anglo-francesa, al cumplirse 113 años de ese hecho de armas que asombró a los propios invasores.
La impresionante superioridad en número, armas, barcos y municiones, con que aniquilaron casi totalmente a los combatientes argentinos –que no se movieron de sus puestos- sirvió para convencer a los invasores de que en este país se estaba dispuesto a morir en defensa del honor nacional; y determinó el desarme de las viejas pretensiones de Inglaterra y de Francia en lo que a nuestro territorio se refiere.
Sin embargo, no es solamente el hecho de armas el que debe recordarse en estos momentos, sino los acontecimientos anteriores y posteriores a la acción de Obligado, lo que fue una larga y ardua tramitación diplomática que debía acordar finalmente al gobierno argentino el reconocimiento pleno de sus derechos y el desagravio público al honor nacional, confiriéndole una prominente situación en la política americana que habría de perderse por obra de los liberales después de Caseros.
El tiempo de Rosas fue para los argentinos el tiempo de una política nacional, entendiendo por política nacional la que hace comprender a las potencias extranjeras que tanto en el orden bélico como en el comercial no habrá claudicaciones de ninguna naturaleza en punto a la soberanía, así quede el campo de batalla sembrado de muertos; o así tengamos que desafiar a la pobreza. Cuando esa Política Nacional existe, las potencias y los mercaderes extranjeros concluyen por entenderlo; cuando esa Política Nacional no existe, hasta los propios argentinos se olvidan de que pueda existir; y entonces la pobreza y la desvergüenza llegan de veras.
Ese es el significado real y preciso de la acción de Obligado. Porque los ingleses y los franceses lo entendieron al fin y mandaron respetuosos embajadores a tratar con Rosas, y los derechos de la Confederación fueron reconocidos.
Tampoco debe ocultarse al país que en esos trágicos momentos hubo argentinos que no solamente se aliaron a los invasores, sino que corrieron por Europa para gestionar la invasión extranjera con la esperanza de que la recolonización de estas tierras les permitieran adquirir posiciones prominentes en las nuevas colonias, a despecho de la voluntad popular y de la opinión pública que los había repudiado sistemáticamente.
Esta claudicación llamada “felonía” por el Gral. San Martín en 1839, debe recordarse hoy –tal vez más que nunca- frente a la tergiversación histórica de una pretendida línea Mayo-Caseros, que si tiene mucho de la traición a la patria de Caseros contiene en cambio muy poco de la liberación nacional de Mayo.
Una historiografía falsificada deliberadamente, engañó por generaciones al pueblo argentino. Se llegó al absurdo caso único en la historiografía universal de suprimir enteramente guerras y conflictos internacionales para presentar nuestro pasado como una pugna interior entre partidarios de la tiranía y aquellos de la libertad. Eso es falso, falsísimo. La sola “libertad” por la cual luchaban los mercenarios unidos a los ingleses, franceses y pagados con su dinero, era la libertad de las naciones fuertes para imponerse a las naciones débiles y beneficiarse por el servicio foráneo que prestarían a los nuevos dueños de la Argentina.
La historiografía oficial –y oficializada por la prepotencia de los partidarios del extranjerismo- dejó sin trabazón lógica ni comprensión posible al pasado argentino. Falsos próceres sustituyeron a los auténticos caudillos de la argentinidad.
Los militares que honran a esos falsos próceres no deben ignorar que rinden honores a sujetos que según las normas jurídicas universales, debieron merecer fusilamiento por la espalda, por traición a la patria, en tiempo de guerra.
Hechas estas declaraciones que hoy frente a tales desafueros ya no pueden omitirse, pasamos a ocuparnos de la acción de Obligado.
II
ANTECEDENTES DE LA VUELTA DE OBLIGADO
En 1838 Francia bloquea las costas argentinas, con el propósito, que alguna vez confesara Thiers en el Parlamento, de “fundar una hermosa Francia a orillas del Paraná”.
La Confederación Argentina quedó en estado de guerra frente a Francia.
Los liberales argentinos lucharon junto a las fuerzas francesas; y con dinero francés fueron sustentados los ejércitos mercenarios, que entonces combatieron a Rosas: Pago Largo, Los Libres del Sur y la Coalición del Norte, fueron meros episodios dentro del amplio plan de colonización francesa que nadie en el mundo civilizado ignoraba; el General San Martín, entonces en Europa, confirmó esos planes de colonización, en carta que dirigió a Juan Manuel de Rosas, el 10 de junio de 1839, en el cual, categóricamente, se lo aseguraba en estos términos:
“Pero lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufrimos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.
Perdida para Francia la esperanza de colonizar la Confederación Argentinadespués del tratado de paz de Mackau-Arana (1840), concibió la idea de forzar la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, cuestión en la que estaban igualmente interesados, Inglaterra y el Brasil.
Este es el origen del ataque coaligado de Francia e Inglaterra, que dio lugar al sangriento combate de Obligado (1845).
En 1838 Francia había desalojado al general Manuel Oribe, presidente de la República del Uruguay, que había sido irreprochablemente elegido por el pueblo uruguayo. Oribe hostilizado por Rivera con la ayuda clandestina de Francia, fue bloqueado imprevistamente por la flota francesa en Montevideo obligándolo a renunciar mediante una maniobra alevosa que lo tomó desprevenido e inmovilizó su escuadra.
El General Oribe dirigió al Poder Legislativo la siguiente nota:
“El Presidente constitucional de la República, al descender del puesto a que lo elevó el voto de sus conciudadanos, declara ante los representantes del pueblo y para conocimiento de todas las naciones que en este acto, sólo cede a la violencia de una fracción armada, cuyos esfuerzos hubieran sido impotentes, si no hubieran encontrado su principal apoyo y la más decidida cooperación en la marina militar francesa, que no ha desdeñado aliarse a la anarquía para destruir el orden legal de esta República, que ninguna ofensa ha inferido a la Francia”.
Es evidente que el derrocamiento de Oribe no fue sino otro episodio destinado a facilitar la colonización; y ése y no otro fue el origen de lo que los liberales llamaron después con tanto orgullo. “la nueva Troya”, creada y pagada rigurosamente por el imperialismo francés.
Como no podía dejar de suceder, Rosas socorrió a Oribe puesto que estaba obligado por el tratado de 1828 a sostener y defender las autoridades legítimas del Estado oriental que eran la garantía de su independencia; y porque como lo declararon los mismos franceses, el derrocamiento del presidente legítimo no era sino una variante de la guerra contra la Confederación Argentina.
Alrededor de esta cuestión, habría que originarse años más tarde, el conflicto con Inglaterra y con Francia que debía culminar en el combate de Obligado. (….)
III
EL COMBATE DE OBLIGADO
(…..) La posición argentina no era de ninguna manera fuerte, sino trágicamente heroica, porque la mayoría de sus hombres murieron en el combate; fue el heroísmo lo que impresionó como fuerza al contralmirante Inglefield; los argentinos carecían de municiones y enfrentaron fuerzas superiores en alarmante desproporción; no obstante lo cual, combatieron desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde, esto es cuando ya no había ni hombres ni municiones; a las nueve y media de la mañana Lucio Mansilla había ordenado que se cantara el Himno Nacional y de pie sobre el merlón de la batería número uno, invitó a sus soldados a dar el grito tradicional de “viva la patria”; y minutos después el combate se hace general y los argentinos mueren sin ceder las posiciones.
Adolfo Saldías, liberal probado pero historiador honesto –extraña conjunción-, tras una descripción documentada de este famoso combate y agrega luego como comentario:
“La victoria que alcanzaron los aliados era problemática. Ellos forzaron el pasaje del río Paraná y quizás dominarían todo este río. Pero no podían avanzar tierra adentro, porque sobre la resistencia que encontraron desde el principio, acababan de sublevar contra ellos todas las fibras de un pueblo viril atacado en sus hogares. Quizás creían efectivamente que a su presencia los pueblos de las costas argentinas “sacudirían el yugo de Rosas y harían causa común con ellos”, como les aseguraban los emigrados argentinos y como lo predicaban en su prensa y en sus libros. “El Nacional” y “El Comercio del Plata” de Montevideo seguían entusiastas entre vítores la invasión triunfante de los ingleses y franceses en las aguas interiores argentinas. Ambos diarios ocuparon varios números con relaciones apasionadas del combate de Obligado en las que infamando a los propios conciudadanos que acababan de defender la patria de esas agresiones y se estimulaba todavía al extranjero vencedor”. (Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina, t. IV, pág. 222).
Frente a esta traición, que todavía hoy celebran los liberales argentinos, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas rinde homenaje a los que cayeron en esa jornada; y recuerda el nombre de sus jefes principales: General Lucio Mansilla; Coronel de Artillería Juan Bautista Thorne; Coronel Ramón Rodríguez; Teniente Coronel Manuel Virto; Teniente Coronel Laureano Anzoátegui; Capitán de Marina Álvaro Alzogaray; Teniente de Marina Eduardo Brown, Teniente de Artillería Felipe Palacios y Capitán Tomás Craig.
IV
EL JUICIO DE LA PATRIA
Terminada victoriosamente por Rosas la guerra contra Francia en 1840; y cuando ya habían empezado los franceses e ingleses a preparar el segundo atentado contra la Confederación Argentina, San Martín, en París el 23 de enero de 1844 escribía de su puño y letra, la cláusula tercera de su testamento:
“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia dela América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
Pero después del combate de Obligado y ya escrito su testamento, le dice al general Guido:
“Después del combate de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza en el cual con cuatro cañones hizo conocer a la escuadra anglo-francesa que pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia”.
V
EL JUICIO DE LA ANTIPATRIA
Opinión distinta a la de San Martín tenía el prócer liberal Bartolomé Mitre que en un artículo que dedicó con devoción al aventurero internacional Giuseppe Garibaldi, batido por el Almirante Brown en Costa Brava, decía refiriéndose al sitio de Montevideo allá por el año 1843 cuando lo conoció:
“Y sucesivamente –escribía el general Mitre- la Francia, la Gran Bretaña y el Brasil le prestaron su apoyo, dándose cita, en su recinto sagrado, para combatir por su causa, todas las razas viriles de la tierra que persiguen un ideal” (transcripto en José M. Niño, Mitre, tomo I, pág 177).
José Luis Bustamante, conspicuo unitario, sintetizó con admirable precisión el espíritu de los argentinos que luchaban contra Rosas, ya que con ellos estaba, en Montevideo, protegió por las fuerzas anglo-francesas. Algunos párrafos de sus memorias deben destacarse para que no los olvide la posteridad:
“El Gobierno de Nicaragua, no pudiendo resistir las exigencias del gobierno Inglés, cedía á sus pretensiones de extender los límites de Mosquitos, hasta la boca del Río San Juan, porque el Cañón es un derecho y una razón á un mismo tiempo, que decide fácilmente las cuestiones mas intrincadas”.
“En Méjico, por una cuestión de menos importancia, el Cañón de la Francia, le rompía una pierna al presidente Santa Ana, atacándose el formidable Castillo de San Juan de Ulloa, y obligándole á aquel mandón, a hacer justicia al Cónsul Francés”.
“Pero en el Río de la Plata, el Dictador, desde su fastuosa Quinta de Palermo, arroja del suelo Argentino á los marinos de las dos Potencias de Inglaterra y Francia: les declara Piratas incendiarios, y ordena su degüello por sus mas últimos Seides, se niega a hacerles justicia en sus mas legítimas pretensiones, y el Cañón de Obligado suena…”.
Otro párrafo de sus Memorias tampoco debe olvidarse:
“Rosas desde su guarida, amenazaba con la muerte, sin piedad, sin cuartel sin ninguna de las formas que el mundo civilizado respeta por derecho y por humanidad á la marina toda, de las dos grandes Potencias que, en Argel y en la India, supieron domar el poder salvaje que allí imperaba haciéndose justicia, haciéndola á la razón pública y al interés de todos los pueblos de la tierra empeñados en la paz y en el orden universal” (Obra citada, pág. 99).
* Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas n° 18, Buenos Aires, 1958.