jueves 7 de abril de 2011

LA COMISIÓN CIENTÍFICA DE EXPLORACIÓN AL RÍO NEGRO DE 1879


Adolfo Döring (primero de pie desde la derecha) y los miembros de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba en 1876.


Por José Luis Muñoz Azpiri (h)



En 1890, la oficina de empadronamiento de los Estados Unidos de Norteamérica declaró de modo formal que el proceso histórico de la frontera había llegado a su fin. Dijo, en efecto, textualmente, que “la zona indefinida ha sido tan invadida por colonias aisladas, que difícilmente pueda afirmarse que existe una frontera”.

En nuestro país existe una declaración formal paralela, concerniente a los militares, que fija implícitamente una fecha liminar como conclusión del proceso de nuestra frontera interior. Un decreto del Poder Ejecutivo, del 7 de noviembre de 1940, al reconocer servicios prestados al Ejército, dice que, “los militares que hubieran actuado en las campañas del desierto hasta el 31 de diciembre de 1917 serán considerados Expedicionarios del Desierto”.

Destaca Homero Guglielmini que las fechas señaladas por esos actos oficiales (1890 y 1917, respectivamente) son, por supuesto, arbitrarias. “No hay manera posible de anunciar una fecha exacta para determinar el final de un proceso tan prolongado, complejo y fluido, como es el progresivo desarrollo de una frontera interior, la ocupación de los espacios vacantes o insumisos en poder exclusivo hasta entonces de las fuerzas elementales de la naturaleza, entre las cuales se encuentra el indio, el desierto y las inclemencias de la intemperie. Se trata de un movimiento eminentemente dinámico y potencial, en constante trámite interno de estabilización, en permanente proyección externa de avance, en perpetua transición conflictual y prospectiva”.

La llamada “Conquista del Desierto” – expansión de la frontera al Río Negro – fue llevada a cabo entre abril y junio de 1879. El 31 de enero del mismo año. Desde Córdoba, el Dr. Adolfo Doering (Presidente interino de la Facultad de Ciencias de Córdoba) se dirige a Roca expresándole “si fuera posible formar colecciones zoológicas, botánicas y mineralógicas de los objetos nuevos que indudablemente deben encontrarse en esas regiones que por primera vez van a explorar las columnas expedicionarias” y agrega “se haría un gran servicio al país, como también a la ciencia, enriqueciendo a la vez los museos nacionales y dando a conocer especímenes de animales, plantas o minerales que, tal vez, sólo en aquella parte de la Pampa puedan encontrarse”. Dice además que los profesores universitarios deseosos de participar “ninguno de ellos se atreve a pedir licencia al Ministro de Instrucción Pública”. Roca le contesta el 6 de febrero de 1879: “Comunico a usted que ha sido pasada a la Comandancia General de Armas para que dicte las órdenes convenientes”. Además, el 20 de marzo de 1879, le llega un telegrama del Dr. B. Lastra, Ministro de Instrucción Pública, donde le dice:“El Gobierno Nacional desea constituir comisión científica de exploración, que acompañe al Ministro de Guerra en su expedición al río Negro”. Al mismo tiempo le anuncia que el Dr. Pablo G. Lorentz, del Colegio de Concepción del Uruguay y el Sr. Courtois, de la Escuela de Minas de San Juan forman parte de la expedición y que la Academia y la Facultad de Ciencias de la Universidad de Córdoba deben estar representadas. En cuanto a “las cátedras serán suplidas durante la ausencia de los profesores, en la forma que la Facultad proponga” y que también se dirige en igual sentido al Rector de la Universidad de Córdoba. Ante tanto empeño del gobierno Nacional, se integra la Comisión Científica agregada a la expedición militar. Esto, considera el recordado José M. Gallardo, crea un paralelo con la Expedición a Egipto de Napoleón Bonaparte. Integran la Comisión Científica de 1879, además de los Dres. Adolfo Doering (geólogo y zoólogo) y Pablo G. Lorentz (botánico y fitogeógrafo, autor de “Cuadro de la vegetación de la República Argentina”, en la obra de G. Napp, 1877, “La República Argentina”), el Sr. Federico Schultz (preparador de zoología) y el Sr. Gustavo Niederlein (ayudante de botánica, que luego participará en la Comisión de Límites con Brasil y fuera delegado argentino en la Exposición de Filadelfia, para luego ser designado Director del Museo de Historia Natural de Filadelfia hasta su muerte).

El inventario zoológico, botánico y geológico que realizó esta comisión no sólo implicó la tarea de coleccionar ejemplares de la fauna y la flora, sino también. Como advierte Irina Podgorny “nombrar, bautizar, lo que hasta entonces pertenecía al mundo de los confines para, de esta manera, incorporarlo al mundo de la civilización” ya que “El bautismo del geógrafo era el acto por el que el desierto dejaba de serlo y que indicaba la conquista de las regiones vírgenes. Aunque ilusorio, este acto de nombrar el desierto como si hasta entonces hubiese sido sólo naturaleza innominada era, sin embargo, diferente al de cambiar el nombre a un sitio que ya tenía uno por ley o decreto estatal. En este segundo significa una disputa entre grupos que nombraban y construían el pasado de otra manera, pero que pero que pertenecían a la historia. En la negación de los nombres que los indígenas daban a su territorio, por el contrario, estaba presente la asociación de los mismos a un estado natural, anterior al uso del lenguaje”.

Los resultados científicos de la expedición se concretaron en los tres volúmenes del Informe Oficial aparecidos en 1881, uno sobre Zoología (Entrega I) por Doering (Vertebrados y Moluscos), Eduardo L. Holmberg (arácnidos), Carlos Berg y Enrique Lynch Arribálzaga (insectos); otro sobre Botánica (Entrega II) por Lorentz y Niederlein y el tercero sobre Geología (Entrega III) por Doering; una Entrega IV sobre Geología (Segunda Parte) y Paleontología no alcanzó a publicarse por falta de fondos.

Singularmente, en la descripción zoológica que sigue a la expedición al Río Negro se hace evidente que la mayoría de las especies había sido descripta con anterioridad. Así, ante la falta de nuevas especies entre los vertebrados, Doering sólo pudo homenajear a los conquistadores del desierto y fundadores políticos de la Nación bautizando con sus nombres a dos gasterópodos: elEudioptus avellanedae y el Plagiodontes rocae, especies de caracoles que viven asociadas en la naturaleza y que, agrega mordazmente Podgorny, “arrastran con ellas con ellas las banderas del avance del estado argentino”.



Bibliografía


Gallardo, José María “Los naturalistas y la Afirmación de la Soberanía Argentina en la Patagonia” En: “Revista nacional de Cultura” Nº 8. Bs As. Ediciones Culturales Argentinas. 1980

Guglielmini, Homero M. “Fronteras de la Literatura Argentina”. Bs. As. EUDEBA. 1972

Podgorny, Irina “La Patagonia como santuario natural de la ciencia finisecular”. En: “Redes. Revista de estudios Sociales de la Ciencia” Nº 14 V.7 Bs.As. Noviembre de 1999. Universidad Nacional de Quilmes.