miércoles 30 de diciembre de 2009

EL PRIMERO QUE SE ATREVIÓ A SER ARGENTINO

Fiestas patrias (por Carlos Pellegrini). Escena de los pagos de la Costa (por Prilidiano Pueyrredón).



Por Eduardo Rosa

El 2 de diciembre de 1810 llega un jinete a Buenos Aires. Es un oficial trayendo una bandera española y la noticia de la victoria de Suipacha. Era la primera victoria militar de la flamante “desobediencia” del 25 de Mayo. No hubo festejos, solo algarabía popular en la calle. Pero la noche del 5 se hizo una comida en el cuartel de Patricios que habría de tener una inesperada repercusión.
Se ha hecho una leyenda de esos incidentes triviales aprovechados para una derivación política. Es erróneo pensar que el centinela de la entrada le impidiese expresamente el acceso a Moreno. Moreno no asistía jamás a fiestas ni convites, y al sarao podían ir los militares en actividad o retirados con sus familias. Al volver de su trabajo en la Fortaleza, que prolongaba hasta altas horas de la noche, le chocó encontrar en las Temporalidades un centinela, y quiso averiguar por sí mismo si se le impedía la entrada. El centinela lo rechazó, porque Moreno no se dio a conocer, pues hubiera bastado que dijese ser Secretario de Guerra de la Junta para que aquél por lo menos pidiese órdenes.
¿A quién se debe dejar pasar a un convite? – cuando el teniente coronel Marcos Balcarce pregunta – después del decreto de supresión de honores - sobre quienes deben dejar pasar los centinelas Moreno responde que “a los ciudadanos decentes”, y al requerir – con malicia - mayores precisiones para reconocerlos, Moreno, le responde “se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque o levita”.
El 6 de diciembre de 1810 la Junta de Gobierno aprobó el “decreto de supresión de honores” redactado por Moreno.
Este decreto comenzaba con: “La Junta Soberana a nombre del Señor D. Fernando VII”. Y lo fundaba en que al hallarse “privada la multitud de luces necesarias para dar su verdadero valor a todas las cosas, reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades... confunde inciensos y homenajes con la autoridad”. El decreto suprimía los honores del Presidente, se quitaban ventajas oficiales y se eliminaba a las señoras de las distinciones de sus maridos. Y se establecía que el capitán de húsares retirado Atanasio Duarte, había incurrido en un delito por el cual debería perecer en un cadalso, al “ofender con un brindis excesivo la probidad del Presidente” (Saavedra), pero “en atención a su estado de embriaguez se le conmutaba la pena por destierro perpetuo de la ciudad, porque ningún habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su patria”.
¿Qué grave “delito” había cometido el capitán Atanasio Duarte?.

Siempre se dijo que haber proclamado la monarquía, pues en el famoso brindis ofreció a Cornelio Saavedra la corona de emperador de América. Pero esa opinión, muy generalizada, no es aceptable. No fue el republicanismo de Moreno el que se ofendió con el monarquismo de Duarte. No sabemos a ciencia cierta si Moreno fue lo que hoy llamaríamos republicano, pues cuando emplea en sus escritos la palabra República, lo hace como sinónimo de “Estado” o “Cosa pública”. En 1810 reino e independencia eran sinónimos. El mismo Himno Nacional lo repite aún hoy: “Ya su trono dignísimo abrieron...”. Lo que sí podemos asegurar es que el decreto que condenaba a Duarte no era un decreto republicano, pues estaba encabezado con la fórmula habitual: “La Junta Soberana a Nombre del Señor don Fernando VII”.
Pero Duarte cometió evidentemente un delito tan grave que Moreno –hombre de leyes– entendía que “debería perecer en cadalso”. Un delito mucho más grave que opinar a favor de la monarquía en un medio republicano, que de ninguna manera puede llevar al cadalso. Ese delito debía ser el de lesa majestad por conspirar contra los derechos de Fernando VII. Al brindar ofreciendo la corona a Cornelio Saavedra, se la estaba quitando a Fernando VII. El capitán había incurrido en el delito de lesa majestad y merecía por lo tanto el “cadalso”, como lo mandaban las leyes españolas.
Aquello de “tener impresiones contra la libertad de su patria” no puede entenderse como contrario a la nacionalidad naciente..La patria en 1810 no era la República Argentina, pues aún no se había declarado la independencia; la patria era Fernando VII, el rey cautivo, contra cuya libertad “tenía impresiones” el capitán Duarte. ¿Quiere decir entonces que Duarte fue el precursor de la independencia Argentina, y Moreno no era partidario de esta independencia?... Lo primero es exacto; pero no así lo segundo. Moreno también era partidario de la independencia, como Duarte y casi todo el mundo. Pero Duarte dijo a gritos una verdad que no convenía decir sino en voz baja. Por eso lo condenaron. Tal vez la jugada de Moreno estaba basada en que Saavedra no firmaría un decreto tan notoriamente injusto. Y en ese caso Saavedra podría ser acusado de complicidad en un delito tan grave. Pero el jefe de gobierno no cayó en la trampa y firmó. Moreno salió de la Junta el 18 de diciembre, precisamente por la conmoción popular producida por su decreto, que se interpretó – equivocadamente – a favor de la dependencia de España. Y que además, menospreciaba la opinión pública al tenérsela como “privada de luces”. Saavedra pudo entonces levantar la pena a Duarte; pero no lo hizo, tal vez para no comprometerse.
¿Qué fue de Duarte después de aquella noche famosa?...
Cumplió resignadamente su destierro en San Isidro, olvidado por Saavedra que nada hizo por él y también por los demás gobiernos que nunca le levantaron la injusta pena. Cada tanto armaba alguna batahola en una taberna cuando algún “gallego” (él los motejaba como “sarracenos”) vertía palabras imprudentes contra la patria, como una famosa pelea contra seis de ellos cuyo relato repetía orgulloso.

La patria le debe un desagravio a quien declaró POR PRIMERA VEZ la independencia en voz alta, y supo aguantarse el castigo orgullosamente.

sábado 26 de diciembre de 2009

PACTO DE PILAR Y SUS PROYECCIONES. EL ESPÍRITU DEL PACTO. FORMACIÓN DE LAS PROVINCIAS. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DEL INTERIOR LITORAL

Estanislao López (por Bourse Herrera). Juan Bautista Alberdi en su juventud. Escena Litoraleña.





Por el Dr. Matías De la Cruz*



Los hombres de negocios de Buenos Aires constituían la clase activa o dinámica, hacendados fundamentalmente y comerciantes que querían mantener abierto el comercio, abierto el puerto. Esto estaba bien, era un “proyecto de mínima”, como se dice ahora. Era el interés que motivó a toda una clase, a toda una población. La cadena económica - como les dije la otra vez - hacía que los sectores más bajos de la sociedad porteña vivieran de esta economía: la actividad del puerto, la exportación de cueros y de productos ganaderos, más que nada de eso que del ingreso. Nosotros creemos que eran exclusivamente los que comerciaban los que importaban, pero los que empujaban más esto eran los que vendían. Pero era un proyecto de muy cortas miras y muy fuerte, era muy concreto. Yo, el otro día, les decía que empezaron a llamarse a sí mismos al poco tiempo “el partido de los principios”, que tenía como único objetivo “el orden y el progreso”, que esto es lo que confunde a Alberdi. Porque, como yo les dije, imitaban o copiaban lo que hacía la burguesía europea, estableciendo derechos, declamaciones de derechos más que derechos prácticos, referidos exclusivamente a su clase. Éste era en definitiva el proyecto, el programa que se impuso y se sostuvo desde que, pasada la caída del gobierno colonial, la oligarquía, para hablar en términos aristotélicos, la oligarquía porteña toma el poder efectivamente, se saca de encima a los que, mal o bien, habían hecho el movimiento en mayo, y se afirma con el Primer Triunvirato, como lo llamamos. La disolución de esa Junta Grande que no tenía sentido, no tenía sentido práctico. Porque la idea primigenia de los pocos que pensaron realmente, fue la de convocar un congreso de los pueblos, para que decidiera en definitiva, eso fue lo que dijo Paso, eso fue lo que quería Moreno, lo que quería Castelli. Pero esto concluye con la asunción del Triunvirato, donde empieza a esbozarse la real política de la clase dirigente porteña, que era, y esto hay que tenerlo bien en claro, no era una “brillante y gloriosa oligarquía”, como decía don Vicente Fidel, sino era una oligarquía colonial.
Una oligarquía colonial como tantas oligarquías coloniales que hubo en el mundo, cuando existieron los grandes imperios coloniales, que fue la nuestra. Una oligarquía colonial como pudo tener la India o pudo tener cualquiera de nuestros países hispanoamericanos, que vivía del régimen colonial. No del régimen colonial español, estaban hechos a un sistema colonial, cuya riqueza provenía precisamente de esa dependencia económica. Donde el imperio se lleva el producto que le interesa, ellos son los exportadores de ese producto que le interesa, el imperio privilegia ese producto y privilegia a una oligarquía, que hubo durante el imperio español y fue a lo que apuntó la política británica.
Pero hay que tener en claro lo siguiente para entender esto - que algo dije en la clase anterior - que el imperio británico no fue lineal, es decir, no tuvo una política económica desde Isabel, cuando empezó a gestarse, desde 1600 hasta la segunda guerra mundial. Los británicos en los años de la Revolución de Mayo estaban iniciando lo que Chesterton denominó la “revolución de la camiseta”, y que nosotros llamamos revolución económica, o revolución industrial, que era la venta de manufactura textil fundamentalmente, producida a gran escala. Pero a los británicos les interesaba el Río de la Plata fundamentalmente porque todavía, y por un largo tiempo, en 1810, si bien compraban cuero y tasajo, más compraban los portugueses, en definitiva. Pero, de todas maneras, lo que les interesaba es que acá se seguía pagando en metálico.
Al capitalismo, desde que se inició - y los argentinos todavía no lo hemos aprendido - le interesa el metálico, ése es el interés del capitalismo. El imperio británico comprador de materias primas, es la etapa del gran imperio británico, empieza después de 1840-1850, con el desarrollo de la gran industria, es decir de la industria pesada. Ahí Gran Bretaña es cuando compra alimentos y materia prima. Pero esto no es en la época que estamos hablando. Les interesaba el Río de la Plata, no como creemos, por las pampas extensas, por ahí hay memoriales de ingleses que dicen esto, pero los ingleses tenían, como todos los grandes imperios, perspectivas. Apuntaban a lo que les interesaba, a ellos les interesaba el Río de la Plata y no les interesaba la cuenca del Orinoco, o del Amazonas. Porque por aquí salía hacia el Atlántico, en mayor cantidad que para el lado del Pacífico, el metálico de Potosí, que no era el gran yacimiento de cuando se inició el imperio hispano, pero era importante. Si uno ve la cantidad de metálico que se lleva Gran Bretaña... Scalabrini en Política británica en el Río de la Plata lo muestra con números: la plata que se llevaron los británicos entre 1810, un poquito antes, y cuando nos prestan, cuando se hace el empréstito Baring. Uds. ven la suma y es millonaria.
Moreno, un personaje singular, mal estudiado generalmente, con pasión, ha sido ubicado en posturas que nunca tuvo. Esto ha llevado a un maniqueísmo con la figura de este hombre. Inclusive se lo ha puesto en antítesis que no existieron: el jacobinismo. Uno lee todo lo que escribió Moreno - yo les decía la otra vez - y no tiene nada de jacobino. El terrorismo que aplica, el plan era común a toda la época, no hay que ver nada más que lo que hizo Goyeneche un año antes en la revolución altoperuana. La confiscación, el degüello, el colgar gente era una práctica, no era una cuestión de los jacobinos.
No era tampoco agnóstico, ni mucho menos, era un hombre muy creyente, formado por jesuitas y por franciscanos. Pero bueno, se ha hecho toda una..yo creo que se debe a que a Moreno también los del ´37, que eran como muchos de nuestros progresistas, muy apurados con los juicios, y sobre todo en los juicios ideológicos. Como Moreno vivió poco, es decir, murió joven, pero además vivió poco como hombre público, dio para inventar mucho con Moreno. Y sobre todo lo inventaron mucho los liberales, que fabricaron un Moreno que no fue.
Lo interesante de la figura de Moreno, lo que sí es cierto, y esto eran mis charlas con el gran amigo José María Rosa, lo cierto de Moreno sí, es que era un hombre desubicado, en el sentido de que él no expresaba el pensamiento de la clase dirigente y no era entendido por el populismo, diríamos así, de esa época. Pero es el único en mayo que plantea algo distinto.
Desde sectores revisionistas y desde queridos amigos se ha querido siempre levantar la figura de don Cornelio Saavedra como la antítesis de Moreno. Y Saavedra - yo he estudiado bastante, he visto todo su accionar - era un hombre que le tocó vivir una circunstancia y no le alcanzaba el traje para esa circunstancia. Que también la oligarquía -como yo lo dije la otra vez- lo saca porque era peligroso, no por él, porque si uno lee las memorias, se trata de justificar frente a esa clase dirigente, sino que como todos los posibles caudillos populares, era peligroso. Y a Saavedra, vaya por esos misterios, lo empujaron permanentemente desde 1809 a ser el jefe, y nunca asumió la jefatura, nunca la quiso asumir plenamente.
Yo les digo esto porque el Revisionismo tiene que ser siempre terreno de debates. Y este Instituto, más que nada. Yo he presenciado grandes peleas entre grandes maestros de este Instituto, como fue la de dos fraternos amigos que se pelearon por la Guerra del Paraguay, como eran Pepe Rosa y Hans Oliver, o Juan Pablo Oliver y José María Rosa. Pelea de no saludarse por varios años.
Los jóvenes, y los no tan jóvenes, historiadores uruguayos, están descubriendo un paralelismo entre lo que plantea Mariano Moreno en la Junta y lo que plantea José Artigas, es notable, es notable.
¿Por qué? Porque Moreno viene a contrapelo de la oligarquía porteña, y esto es importante por el Artiguismo, Moreno no es un hombre de la clase distinguida y principal. Moreno era una inteligencia superior, por todo lo que dicen sus maestros, desde los que tuvo en el colegio de jesuitas acá, o cuando lo mandaron a estudiar, como Fray Cayetano. Todos los que lo tuvieron bajo su órbita, el va protegido, vive en la casa de uno de los principales maestros allá, en el Alto Perú. Él era hijo de un empleado que tenía como ocho hijos, y no tenían plata. Lo que pasa es que cuando vuelve es un brillante abogado, excepcional abogado, que en el primer juicio se destaca. En unos juicios contra el obispo Lué, que le hace un cura. Un cura le hace un juicio por arbitrariedad, que lo lleva ante la Audiencia este abogado. Se llena el pequeño recinto de la Audiencia de Buenos Aires, apenas vuelve Moreno en 1805, casado con una mujer de Chuquisaca, vuelve y se pone a ejercer la profesión y tiene este juicio nada menos que contra el obispo. Y ahí pasa a ser el abogado más brillante, de más trabajo en Buenos Aires. Lógicamente le llevan todos los grandes terratenientes, como Álzaga, sus asuntos. Y Moreno en dos años tiene una casa propia. Se va de la casa del padre.
Perdónenme estas disgresiones sobre Moreno, pero hay que vincular, porque Moreno lo nombra en el Plan de Operaciones a Artigas. Y Moreno dice muchas cosas que Artigas va a hacer después en su revolución, en su insurrección.
Nunca estuvo Moreno vinculado ni a los hombres de ideas, como yo digo para hablar dentro de las figuras que hace la historia, la efemérides nuestra, los patriotas.
Separemos el populismo y las milicias, los hombres de las milicias, los comandantes de milicias, militares, milicianos, ninguno era militar. Con Saavedra, Martín Rodríguez, Ortiz de Ocampo, etc.
Y por otro lado este grupo de hombres de ideas que, ese club de los siete que nunca existió, la jabonería, que venían desde 1801, con Belgrano, Castelli, Rodríguez Peña, Fray Cayetano Rodríguez, todos los que empezaron a ver que otra cosa venía en el mundo. Tampoco Moreno fue de ese grupo, nunca. Porque Moreno no era un hombre de clubes, Moreno trabajaba mucho. Era un hombre reconcentrado. No iba a tertulias, no iba al Café de Marcos, iba al cabildo, iba a la Audiencia. Al cabildo cuando fue secretario de Álzaga, iba a la Audiencia. Y escribía mucho. Los que ejercemos profesión y tratamos de escribir y estudiar, sabemos lo difícil que es. Y si uno ve todo lo que escribió Moreno -documentos que se han ido encontrando posteriormente a sus panegiristas- todo lo que escribió y todo lo que intentó traducir, era un hombre que evidentemente vivía más en el escritorio, o en el foro, que en las tertulias.
Sus actuaciones políticas son escasas, y él se convierte en figura en los hechos del día 24 de mayo. Es muy interesante reconstruir todo esto - yo lo estoy tratando de escribir ahora - no hubo programa en mayo y tampoco fue el programa el de Moreno. Moreno tiró una serie de cosas, quiso avanzar en la revolución, y en el Plan de Operaciones, que es de él, mal que le pese a Levene. Es de él y con algunas cosas de Belgrano. Belgrano era un hombre más difuso, Moreno, quizá, uno puede encontrar el símil de Moreno en un hombre como Scalabrini: obsesivo. No digo que sea igual moralmente, ni que piensen igual. Obsesivo en algo que escribe, y que escribe, y que escribe. Que trabaja. Y además está en la soledad personal. No tenía nada que ver con la clase dirigente. Él el 24 de mayo, es decir, el 22 empezó a enojarse por el acuerdo que había instalado de hacerlo a Cisneros presidente de la Junta, donde participaron todos. Todos los principales, incluido Saavedra, no todos los militares. Y los que se oponen, como son Chiclana, Moreno, son los que producen la ruptura en el “comité revolucionario”, diríamos así, el día 24. Y ahí se convierte en figura. Es ahí adonde French, que era punto de Belgrano y Beruti, pero fundamentalmente French, que era un hombre de Belgrano, Manuel Belgrano, como lo era Beruti de Rodríguez Peña, French se queda prendado de Moreno. En las jornadas del 24.
Tomás Guido, Nicolás de Vedia, Francisco Planes, todos los jóvenes que actúan ahí, atrás de French, se quedan prendados de este hombre que es el que va a agitar Patricios, que es el que dice que no hay arreglo, que no puede haber arreglo.
Pero esto no significa que Moreno sea el númen de mayo, el líder de mayo, sino que es algo distinto. Y que tiene mucha similitud con la idea que va a intentar llevar adelante Artigas.
Yo no sé si se conocieron, si hablaron, pero es el misterio de las ideas de hombres que conviven en un mismo ámbito, en un mismo espacio. José Artigas es único también. Porque quizá Moreno tuvo el drama de no tener el caudillo popular a quien soplarle a la oreja ideas. No lo podía ser Saavedra, por sus condiciones, un hombre con sentido aristocrático. Quizás debió haber sido Chiclana. Pero, la historia...el caudillo militar no era en ese momento el hombre que podía tomar...y además Buenos Aires tampoco daba para esto. No hubieran durado ni dos horas, como le pasó al mismo Dorrego después.
Es decir, quiero ser claro en esto: con este proyecto de la oligarquía porteña era imposible desde adentro de la oligarquía, o queriendo gobernar conciliando con ellos, llevarlo adelante. Eso es el ejemplo trágico que va a terminar con Manuel Dorrego, que es lo que Rosas se da cuenta. Pero son veinte años, del ´10 al 1830, son veinte años de experiencias. Y Rosas no era un idealista, Rosas era un hombre práctico. Dorrego, como Moreno, creyeron como ha pasado con tantos hombres, que se puede pactar, que se puede cogobernar con el enemigo adentro. Con el enemigo, no el adversario político, el proyecto absolutamente contradictorio.
Artigas es el único caudillo no surgido del poder o del estado. Digo esto, porque si nosotros hablamos de caudillos y englobamos a todos los que son federales. Todos ellos tuvieron un liderazgo político. Pero Uds. fíjense que Artigas construyó su poder, un poco el que se le asemeja mucho es Estanislao López, los demás fueron jefes de gobierno, al cual llegaron por revoluciones, por liderazgo popular, pero que no expresaban un movimiento popular como es el que expresa el artiguismo.
Artigas no era un aristócrata, como lo pintan algunos, era una familia importante en una provincia adonde no había una gran oligarquía. La Banda Oriental era una zona, como lo era la provincia de Entre Ríos, excluida desde siempre de la línea mercantil, de la red mercantil que se armó desde Buenos Aires al Potosí, con ramificaciones - como yo les dije la otra vez - que tenía como eje central en un tiempo a Córdoba y que se expandía desde Buenos Aires o desde el Potosí, pero el origen no es Buenos Aires, es Córdoba y Tucumán, a donde empiezan el desarrollo de esta red, que termina siendo la gran beneficiaria la Ciudad de Buenos Aires.
El Litoral quedó totalmente marginado de este sistema, desde el principio. El Litoral, me refiero a la provincia de Entre Ríos, Corrientes, por supuesto, por la lejanía, y a la provincia Oriental y gran parte de Santa Fe.
Santa Fe era tierra de paso, no se llevaba ni se dejaba nada en Santa Fé. Los productos iban hacia el norte, volvían del norte. La plata venía del norte, salían y entraban por Buenos Aires. Los productos ganaderos eran fundamentalmente los de la provincia de Buenos Aires.
Y el Litoral, pero fundamentalmente la Banda Oriental, ea como una especie de bisagra, adonde toda la comunidad vivía del mal llamado contrabando. Vivían del comercio que podían hacer, que se hacía por el puerto de Montevideo, que era fundamentalmente una factoría del comercio ilícito anglo-portugués.
Esto fue así hasta las reformas de Carlos III, primero Colonia, pero después Montevideo, a pesar de que allí fuera una guarnición española, en el absurdo sistema económico español para el Río de la Plata, el puerto de Montevideo era un puerto de contrabando anglo-portugués. Con las restricciones del comercio que todos debemos conocer, al menos.
Cuando se hace la reforma, a fines del s. XVIII, es en cierta medida integradora del Río de la Plata. Pero dura muy poco la posibilidad de integrar, al integrar a Montevideo y a Buenos Aires en el sistema de puertos habilitados para el comercio, con lo cual los productos, era una economía muy desordenada la de la Banda Oriental, podían salir por el puerto de Montevideo y llevárselos a España. Pero esto duró muy poco. Y, con las guerras y con el desastre español, la oligarquía montevideana se convierte - siempre lo fue, por otra parte, salvo ese interregno - en una competidora de Buenos Aires en el comercio con Europa.
En el Litoral no había grandes estancias, como hubo en la provincia de Buenos Aires, estancias organizadas. No las hubo nunca, salvo algunas muy cercanas a Montevideo. Sí las había en la provincia de Buenos Aires, que eso permitió una organización poblacional inclusive en la provincia de Buenos Aires, adonde el estanciero ejercía una autoridad en la campaña que no existía en la Banda Oriental.
La Banda Oriental era tierra generalmente de contrabando y de lucha entre portugueses, que venía también ancestral, y los hombres de la campaña oriental.
Pero además era notable, si Uds. ven la lucha con los portugueses no era nada mas que porque los portugueses, los bandeirantes primero y después simplemente los cuatreros, venían y se llevaban la hacienda para las verdaderas estancias de Río Grande, pero los orientales comerciaban con los portugueses más que con los españoles.
En ese ambiente se va formando la figura de Artigas, que de muy chico, de muy joven se fue a trabajar a la estancia de un pariente y se convirtió en un hombre legendario de la campaña oriental. Porque él solo imponía el orden. Quizás en esto nosotros no tengamos otra figura igual en la historia, en cuanto a la capacidad de pelea personal que tenía el joven Gervasio Artigas. Que se ganó por su sentido de la ley, era una especie, uno a veces ve esas películas de cowboys, de esos alguaciles del Oeste, que él imponía el orden solo. Y se fue ganando el respeto y el aprecio de paisano y de indios buenos, como decía él.
Cuando se produce la Revolución de Mayo, porque si hacemos la historia hay mucho para hablar de don José, Artigas es teniente coronel de Blandengues, fuerza que se crea a fines del s. XVIII, cuando los pocos estancieros que había y frailes que tenían hacienda en la Banda, le pidieron a Vértiz que lo nombrara a este joven, a este valiente, lo nombró una especie de alguacil o capitán general de la campaña. Y después se creó el regimiento de Blandengues, donde Artigas se incorpora de inmediato y era el verdadero jefe de los Blandengues. Dependía directamente del gobernador de Montevideo. Pero Artigas, y aquí viene lo de Moreno, no escribía bien, no redactaba bien, tenía dificultades, y lo dice en cartas, tenía dificultades de redacción, porque como todos los hombres, había aprendido las primeras letras con los Franciscanos, y había andado mas a caballo y cazando vacas, porque él era contrabandista también, para lo que hablamos de la época española, Artigas, cuando trabajaba, cuando no tenía que salir a poner orden o a defender...estamos hablando del s. XVIII, Artigas vivía del contrabando también, como vivían todos los orientales y todos los entrerrianos. Que esto hay que aclararlo cuando hablamos de esta historia, que era la única forma de vida que tenían, ante la absurda organización económica española para el Río de la Plata. No eran delincuentes, eran gente que vivía acá y que - esto no es motivo de esta clase - tenía que vivir, comer, vestirse. Y no estaban insertados en el régimen, que los obligaba a que no podían vender en los puertos de acá.
Artigas, evidentemente, era un gran lector, por las cosas que dice. Tiene secretario, que ya es cuando es el jefe de los orientales, que sus secretarios escriben, evidentemente, al dictado de él y se nota un hombre ilustrado. Algunos dicen que por la biblioteca de su padre, que había heredado una biblioteca importante. Y otros sostienen que por su vinculación con Félix de Azara, del cual fue custodia, cuando Azara vino con la comisión de límites, a principios del s. XIX , a hacer el estudio de la fauna y la flora, y este teniente de los Blandengues lo acompañó durante más de un año.
Pero Artigas era de los hombres que no necesita mucho para entender. Con poca lectura y con mucha conversación, que eso es lo que debe haber tenido más, con gente ilustrada, como el padre Enríquez Braña, el párroco de Colonia, con el cual se viene junto en el año ´11, cuando se vienen a adherir a la revolución de Mayo.
Artigas capta, como lo captó Morenos, que, si algo podíamos imitar, en cuanto a la organización, era a Norteamérica. Es notable, su uno lee las cartas, parece algunas frases extraída de Paine. Yo no creo que Artigas leyera “El federalista”, o leyera mucho a Paine, pero evidentemente, gente que lo había leído, o él puede haber leído algo, evidentemente.
Y Artigas, que era un producto tan típico oriental, no pertenecía a la oligarquía montevideana, no tenía nada que ver, nunca tuvo que ver, poco estaba en Montevideo, su familia era montevideana, pero él no estaba nunca en Montevideo. Él era un hombre del interior, le gustaba vivir con los indios, no porque fuera un salvaje. En la batallas, en la guerra con los portugueses, mil charrúas hacían la custodia de Artigas, él iba rodeado de los mil charrúas. Charrúas y Minuanes, porque éstos eran los últimos que quedaban. Y cuentan que en el Paraguay lo iban a saludar y los indios se arrodillaban y le decían “Gran Padre”, y le besaban la mano. En Paraguay. Saben que los indígenas, las naciones indígenas, ocupan lugares más allá de las fronteras patrias y sigue siendo así. Artigas hablaba los dialectos, hablaba con los Charrúas y los Minuanes en su lengua.
Y él levanta la bandera, desde el primer día, de la independencia, bandera que la oligarquía porteña no levantó, no levantó jamás. Como grupo, que había gente aislada que habló de independencia - Moreno -. La independencia era una independencia más o menos. Artigas plantea desde el inicio la independencia, que era notablemente el sentimiento de las clases bajas. Que era el sentimiento inclusive de la clase baja en la ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué? Porque la oligarquía, los vecinos acomodados, como era Belgrano, como era Castelli, como era Saavedra, como era Martín Rodríguez, todos ellos, no sufrían el desprecio del chapetón, ni tampoco el peso de la autoridad colonial en decadencia.
Y en la Banda Oriental, la distribución de la tierra, que se hizo cuando las reformas de Carlos III, se hacen los repartos de suertes de estancias, que fueron efectivos en la provincia de Buenos Aires, adonde recibieron vecinos, algunos acomodados, lógicamente, o todos acomodados de la Ciudad de Buenos Aires, recibieron tierras. Pero era gente que vivía acá, y la mayoría hizo su estancia.
En cambio en la Banda Oriental le dieron tierras a gente que vivía en Buenos Aires y a gente que vivía en España. Por qué, no sé, por qué se hizo eso. Entonces, había mucha explotación en la Banda Oriental. No era igual que la campaña bonaerense, adonde la peonada tenía trabajo. Era absolutamente distinto.
Allí había un gran odio hacia la administración colonial, mayor que en la Ciudad de Buenos Aires, en la Banda Oriental, adonde también hay que tener en cuenta hubo siempre más presencia militar de la administración colonial que en la Ciudad de Buenos Aires. Las fuerzas armadas mas importantes en el Río de la Plata estuvieron siempre en Montevideo, no en la Ciudad de Buenos Aires. El fijo en Buenos Aires tenía en 1806, para dar un dato conocido, 200 hombres y en la guarnición de Montevideo había 1800, porque era la zona de conflicto con Portugal.
Entonces, la administración colonial en la provincia de Buenos Aires, en el litoral, en Entre Ríos, directamente no existía, no existía como fuerza, en la provincia de Buenos Aires era mucho menos pesada para el habitante que para el hombre de la Banda Oriental.
No tenía prácticamente beneficios, no había una economía distributiva mínima en la Banda, donde se vivía del cuatrerismo, del robo y, los que tenían ganado, del contrabando, vendiéndole a los portugueses, que tenían prohibido, porque les robaban las vacas, pero ellos sino se las vendían a los riograndenses. O exportaban los cueros de contrabando a los británicos, más que nada a los portugueses, por la cantidad de puertos o salida al mar que tiene la Banda.
Para no dar tantos detalles: Artigas expresa todo esto. ¿Qué es lo singular de Artigas?. Artigas nunca fue separatista, cuando debió serlo. Si nos atenemos al manejo de todas las clases dominantes o todas las revoluciones habidas en los distintos lugares del dominio hispano.
En primer lugar Artigas fue el único que realmente no tuvo nada que ver con la oligarquía local, con ningún sector de la oligarquía local, Artigas fue la expresión de la rebelión, de la insurrección de la campaña oriental plena. Había mucha población. Bah, mucha...era bastante poblada comparado con otras campañas, que vivían del cuatrerismo, como les digo, y del contrabando.
A contrapelo, y siempre desde el inicio de la revolución contra la oligarquía montevideana, que era muy chica, además. La oligarquía montevideana nunca jamás controló la campaña, nunca, ni siquiera cuando estuvo instalada la democracia. Porque el partido blanco en la campaña ganó siempre y perdía en Montevideo.
No era como la Ciudad de Buenos Aires que manejó su campaña, la ciudad de Montevideo, la oligarquía montevideana jamás manejó la campaña oriental, y menos con el artiguismo.
Artigas, para no hablar de cosas conocidas, pero tenía que hacer algunas semblanzas, no era que quisiera la unidad o que no lo queremos desde el punto de vista tradicional de la unidad de la Patria Vieja, que somos todos rioplatenses, la soberanía... Artigas se planteó el único proyecto posible de un país independiente. La única manera de que fuera realmente soberano independiente la nación que emergía en el Río de la Plata era tener las dos márgenes del Plata. Este fue el gran conflicto de nuestra figura principal de este Instituto, que fue el gran conflicto de Rosas. Rosas tenía bien claro esto de las dos márgenes del Plata dentro de la misma soberanía.
El proyecto artiguista, cuando él, en las instrucciones que manda para la Asamblea del XIII, dice que “se le comuniquen a las naves de S. M. Británica que están abiertos los puertos de Colonia, Montevideo y Maldonado”, y no dice “a todas las naves del mundo”, porque los únicos que estaban a la vela eran los británicos. Nadie puede pensar que José Artigas era pro-inglés, sino que eran los únicos.
Era la única manera, porque era hacer la Argentina o las Provincias Unidas del Río de la Plata con una economía diversificada, con variantes, que posibilitaban una nación independiente. Pero esto quizás no lo pensó Artigas, no se le ocurrió una nacionalidad distinta que la integrada, yo no creo que él tuviera la ideología de decir “tenemos que tener las dos márgenes del Plata”. Esto sí lo vio Rosas que ya venía con la experiencia de las dos márgenes separadas.
Pero hay un problema, que es el que tenemos que encarar, para definir esto. Lo incompatible de Artigas: primero con el imperio británico, que siempre pensó que tenía que tener el comercio de ellos y el portugués una factoría en la costa oriental del Río de la Plata. A eso se debió la fundación de Colonia en 1680 y a eso se debió toda la política británica con respecto a la Banda Oriental. Si uno lee las cartas de Canning, las instrucciones a Ponsonby, o a todos los que intervinieron en la política del Río de la Plata cuando la guerra con Brasil y los problemas anteriores, que, de mínima, el imperio británico debía lograr que Montevideo quedara independiente. De máxima, que fuera toda la Banda Oriental. Lo que les interesaba es que Montevideo fuera independiente. Esto está en las instrucciones de Canning a Ponsonby durante la guerra en tiempos de Rivadavia y de Dorrego.
La Banda Oriental podía ser portuguesa, podía ser de las Provincias Unidas, pero mantener a Montevideo como una especie de ciudad asiática, lo dice Canning.
Esto es viejo en los británicos, ellos sabían que tenían que tener una factoría, por eso se contradecía...primer contradicción del imperio británico por esta razón esencial de tener ellos algún enclave en la Banda Oriental donde poder controlar, regular el comercio en el Río de la Plata.
Pero el conflicto mayor de Artigas es con las dos oligarquías que colindan: con la brasilera y, fundamentalmente, de la que vamos a terminar de hablar estos minutos últimos, es con la oligarquía de Buenos Aires.
El movimiento artiguista, que todos sindicamos como el inicio del federalismo en Argentina, o del ideario federal, el fundador, que las instrucciones son el abc del federalismo, es, en mi opinión, cierto en parte. Artigas planteó en el Río de la Plata el único movimiento libertario que expresaba una realidad distinta al resto del país.
La realidad de Entre Ríos y de la Banda Oriental que es, como la de Corrientes y Misiones, ni hablar de Corrientes y Misiones, era absolutamente distinta al resto del país.
Cuando Artigas toma el poder -voy a ver dos o tres cositas nomás-, es decir, toma el poder...cuando se instala en Montevideo, cuando se rajan Alvear y compañía y él entra en Montevideo y se instala el gobierno de la Banda Oriental. En septiembre de 1815 Artigas dicta el Reglamento provisorio de la provincia oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados. Es muy largo para leerlo, pero yo les voy a leer dos o tres frases nomás de los articulados redactados sin estos redactores de leyes que hemos tenido en el país, con ese lenguaje de alambique, con estos lenguajes más criollos.
Está hablando de la entrega de tierras: “para ello revisará cada uno en sus respectivas jurisdicciones -los alcaldes - los terrenos disponibles y los sujetos dignos de esta gracia, con prevención que los más infelices serán los más privilegiados - igual a la enfiteusis -. En consecuencia, los negros libres".



* Conferencia dictada por el miembro del Cuerpo Académico Dr. Eduardo Matías De la Cruz el 21/08/2002.

sábado 12 de diciembre de 2009

DON ARTURO JAURETCHE

Luis Alberto de Herrera y Arturo Jauretche (arriba). Arturo Jauretche (abajo).


Por Julio Otaño


“Esta es la raíz del dilema sarmientino de “Civilización o Barbarie” que sigue rigiendo a la 'intelligentzia”. Se confundió civilización con cultura, como en la escuela se sigue confundiendo instrucción con educación. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América". Arturo Jauretche: Los Profetas del Odio y la Yapa. La colonización pedagógica. A. Peña Lillo Editor. Marzo 1975

Arturo Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Creció en una familia conservadora recibiéndose de Abogado en la Universidad de Buenos Aires. En la década del ‘30 se define su activismo político, participando en luchas y conspiraciones a favor del radicalismo, como en Paso de los Libres (1933). El valiente escritor José Luis Torres ha calificado de "infame" a la década que incluye la presidencia de Justo, la de Ortiz y la de Castillo. Los jóvenes radicales crean FORJA, tratando que su partido vuelva a sus orígenes federales yrigoyenistas; sobresalían nítidamente Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, el primero publicó dos obras fundamentales: "política británica en el Río de la Plata" e "Historia de los ferrocarriles argentinos"; mientras que el segundo "Manual de Zonceras Argentinas" y "el medio pelo en la sociedad Argentina". Jauretche califica al Tratado Roca – Runciman como "Estatuto legal del coloniaje".
Decía el manifiesto constitutivo de FORJA: "Somos una argentina colonial; queremos ser una argentina libre. Por el radicalismo a la soberanía popular, por la soberanía popular a la soberanía nacional, por la soberanía nacional a la emancipación del pueblo argentino". Desde esa plataforma ideológica denunció la falsificación histórica y dibujó el proceso histórico argentino y latinoamericano como una lucha permanente del pueblo en busca de la soberanía popular, contra oligarquías que operaban como agentes de penetración de los intereses imperialistas
Con el advenimiento del peronismo, FORJA fue disuelta el 24 de febrero de 1946, por considerar que Perón había inaugurado una política nacional y de recuperación de la soberanía contra el capitalismo extranjero, que eran las banderas de la organización. Jauretche valoró la experiencia peronista positivamente, a pesar de ciertas disidencias con Perón. Durante el gobierno peronista fue Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires (1946-1950), desde donde promovió una política de apoyo a la empresa nacional. Renunció en 1950 por disidencias con el nuevo equipo económico de Perón y se retiró a la vida privada.
Tuvo intensa participación en la lucha de la resistencia peronista después del golpe militar que derrocó a Perón en 1955, con el propósito de que la derrota política de las masas no se convirtiera en una derrota ideológica. Fue en esa etapa que aparecieron sus libros, como expresión más acabada de un pensamiento que se había perfilado en la década del ‘30 en artículos aparecidos en revistas, semanarios y periódicos, la mayoría de escasa tirada y corta vida. Fueron 12 obras que se sucedieron desde 1955, año en que apareció El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje, hasta 1972, cuando publicó De memoria. Pantalones cortos. Los profetas del odio (1957), Ejército y Política. La patria grande y la patria chica (1958), Política Nacional y revisionismo histórico (1959), Prosas de hacha y tiza (1960), FORJA y la Década Infame (1962), Filo, contrafilo y punta (1964), El medio pelo de la sociedad argentina (1966), Los profetas del odio y la yapa (1967) y su Manual de zonceras argentinas (1972), pueden ser considerados como un único libro, pues el mensaje se repitió en ellos en forma reiterada.
Saludó el regreso de Perón en 1972, dio sus últimas charlas en la Universidad del Sur, intentando aferrarse a la esperanza como correspondía a un gran luchador por la cuestión nacional, murió en el día de la Patria, un 25 de mayo de 1974.
Lo que Jauretche fustigó sin descanso fue el carácter abstracto de las ideologías y, en tal sentido, su crítica se dirigió por igual a la izquierda que a la derecha, pues “se era liberal, se era marxista o se era nacionalista partiendo del supuesto que el país debía adoptar el liberalismo, el socialismo o el nacionalismo y adaptarse a él”. Toda referencia a Jauretche implica ubicarlo en la corriente del nacionalismo popular o revolucionario, nacido contra las corrientes liberales y buscando una reinterpretación de la historia. Particularmente significativo en Argentina, incluyó un rechazo de las ideas extranjeras y los intelectuales de pretendida orientación universalista, criticando por igual a los postulados liberales, la oligarquía , el socialismo y el comunismo, basándose en el hecho de que ninguno de ellos había comprendido al país.
Jauretche siempre prefirió ser considerado un hombre que poseía un “pensamiento nacional”. El primer paso era desprenderse de deformaciones mentales impuestas por los intereses del imperialismo internacional, custodiada por los intelectuales a su servicio a los que llamó “cipayos”.
Lo que, caracteriza al pensamiento nacional, es el reconocimiento de que la cuestión principal es la nacional, entendida como la disputa de intereses entre un país semicolonial que quiere dejar de serlo, y los intereses imperialistas que no están dispuestos a permitirlo.
El análisis histórico revela un plan consciente de mantener al país en dependencia del pasado, conservando el carácter agrícola-ganadero e impidiendo el ascenso social y político de las masas. El revisionismo esclarecía el papel decisivo de Inglaterra, que había hecho de Argentina una pieza necesaria de su economía industrial y su expansión comercial, y la complicidad de las oligarquías en el establecimiento de un ordenamiento jurídico-institucional destinado a facilitar la penetración inglesa. Jauretche veía la necesidad de reestructurar las Fuerzas Armadas, advirtiendo que sin política nacional no hay ejército nacional, y entendiendo a esa política nacional como opuesta a la política ideológica liberal o neoliberal como en nuestros tiempos. Jauretche consideraba absolutamente prioritaria la liberación nacional, para lo cual era indispensable lo que llamaba “unidad vertical” de todas las clases sociales.

martes 1 de diciembre de 2009

ADOLFO SALDÍAS: EL PADRE DEL REVISIONISMO ARGENTINO


Adolfo Saldías (arriba). Juan Manuel de Rosas (abajo).

Por Julio Otaño



Nació en Buenos Aires, el 6 de septiembre de 1849. Se recibió de abogado en 1875 y realizó su tesis sobre el tema del Matrimonio civil. Comenzó a actuar en política a través del popular Partido Autonomista de Buenos Aires, liderado por Adolfo Alsina, enfrentado a Bartolomé Mitre, junto con Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y Bernardo de Irigoyen, entre otras personalidades con las que formará en el futuro la Unión Cívica Radical.
Al subir Roca al poder, se cumplían casi treinta años de la caída de Rosas y hacía tres que el Restaurador había muerto en Southampton. Sólo los que andaban arriba de los cuarenta podían recordar de primera mano su gobierno. En ese treintenio se impuso dentro de la enseñanza un cuadro negativo de dicha etapa histórica, sobre la que todos parecían estar de acuerdo.
La Historia de Domínguez impuso el tono, que sólo se modificó para cargar las tintas en los posteriores libros de López, Estrada y Pelliza.
En cuanto a Mitre, si bien no escribió específicamente sobre Rosas, su actitud y su modo de pensar no diferían para nada de aquéllos, a los que apoyaba con su autoridad.
Sería en 1881, y a través de la pluma de un joven de treinta y un años de familia unitaria, que Rosas entraría de lleno en la historiografía bajo una nueva luz, mucho más histórica en estructura.
En ese año Adolfo Saldías publicó el primer tomo de su “Historia de Rosas”, basado en enorme caudal de documentos y en un riguroso método heurístico.
Prácticamente sin an¬tecedentes, la autoría de este libro lo consagró, no sólo en su tiempo, sino en la posteridad. Como señala Julio Irazusta: "Aunque dejó muchos escritos y publicó antes de morir una obra de aliento, Adolfo Saldías ha quedado como el hombre de un solo libro: su Historia de Rosas. Y este hecho es tanto más significativo cuanto que nada, en los antecedentes del autor, permitía esperar esa armonía entre el escritor y su tema de la que surge, por lo general, la obra maestra".
Con la aparición del tercer tomo en 1887, quedó com¬pletado el trabajo de Saldías sobre el Restaurador. En las primeras páginas afirmaba: "... estoy habituado a ver cómo se derrumban en mi espíritu las tradiciones fundadas en la palabra autoritaria que, atando el porvenir al presente, echan al cuello de las generaciones un dogal inventado por el demonio del atraso. Pienso que aceptar sin beneficio de inventario la herencia política y social de los que nos precedieron, es vivir de prestado a la sombra de una quietud que revela impotencia. La prédica de los odios constituye, por otra parte, un verdadero peligro para el porvenir de las ideas, cuyo desenvolvimiento retarda, lanzando en senderos extraviados a la juventud, en vez de iniciarla en la experiencia saludable de la libertad, o en las lecciones moralizadoras que presentan los propios infortunios políticos". Y termina con estas palabras: "He escrito lo que tengo por verdad a la luz de los documentos, y lo que pienso que es conveniente se sepa para ejemplo y experiencia".
Tan pronto como apareció la obra, Saldías se apresuró a enviarle un ejemplar al venerado maestro, Bartolomé Mitre, del que era irreductible adversario político, pero al que ad¬miraba intelectualmente sin retaceos.
Esperaba la palabra crítica pero alentadora que consagrara su largo trabajo.
Lo que recibió fue un baldazo de agua fría, con el balde incluido.
La carta de don Bartolo lleva fecba 5 de octubre de 1887, y comienza con un verdadero elogio: "He pasado parte del día y casi toda la noche leyéndolo", lo cual, teniendo en cuenta las 920 páginas del grueso volumen, es casi un aplauso cerrado.
Pero de inmediato venía el descuento: "Es un libro que debo recibir y recibo, como una espada que se ofrece galantemente por la empuñadura; pero es un arma del adversario en el campo de la lucha pasada, y aun presente, si bien más noble que el quebrado puñal de la mazorca que simbolizaría, por cuanto es un producto de la inteligencia".
Y contestando al prólogo de la obra, le descarga: "Si por tradiciones partidistas entiende usted mi fidelidad a los nobles principios porque he combatido toda mi vida, y que creo haber contribuido a hacer triunfar en la medida de mis facultades, debo declararle que conscientemente los guardo, como guardo los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha". Ya estaba todo dicho.
Como señala Irazusta, la actitud de Mitre "asombra por su voluntad de incomprensión".
En esa carta, rapsodia a la intolerancia, está ausente el historiador.
Sólo habla el irreductible político que se niega a bajar las banderas de guerra.
No hay una sola crítica a la heurís¬tica, ni una palabra sobre el método, no se rebate un solo punto, no se discute nada, es pura y simplemente un ¡No! cerrado.
Saldías no intentó polemizar con Mitre, ni disminuyó su respeto hacia el que consideraba maestro indiscutido.
Cuando en 1892 reeditó el trabajo, le cambió el nombre, en lo que algunos quieren ver una concesión al ambiente poco propicio a la reivindicación de Rosas; de ese modo el libro pasó a llamarse “Historia de la Confederación Argentina”.
La actitud de Saldías la explica Irazusta: "No fue por ninguna razón subalterna que don Adolfo prodigó en libros posteriores sus elogios (matizados con discretas reservas) al vencedor de Pavón y organizador de la nación reunifícada; sino por firme convicción. Su silencio ante las censuras del maestro respondían al respeto, pero también al hecho de que compartía con Mitre, más que con el caudillo por él historiado, el pensamiento de fondo sobre la realidad nacional".
Lo cual es perfectamente exacto. Saldías era un liberal neto, cuyas diferencias con Mitre podrían ser de matiz, pero no de fondo.
Por ello, si destaca con vigor la acción política externa de Juan Manuel de Rosas, su defensa de la soberanía y su gallardo enfrentamiento con Francia e Inglaterra; si es el primer historiador que, al decir de Ricardo Rojas, intro¬duce la simpatía federal en la historiografía nacional y al mismo tiempo intenta comprender a las masas del Interior y sus caudillos, nada de lo anterior disminuye en un ápice su admiración por Rivadavia y los unitarios, a los que empalma con don Juan Manuel en un mismo plano de elogio y respeto.
En ello Saldías es canónicamente liberal.
Aparte el valor intrínseco de la obra, Saldías alcanzó un notable éxito de público por la agilidad y vigor del estilo literario.
Señala Irazusta: "... el arte de la composición, más importante para la gran literatura que el don del estilo, Saldías lo poseía en un grado extraordinario. En él radica el secreto de su éxito, porque es lo que más ayuda a hacerse leer". Pero además Saldías tenía estilo, un estilo que luego perdió en libros posteriores, cuya prosa fría y precisa, impersonal, hace echar de menos el picante sabor de la Historia de la Confederación”.
Tras la andanada de Mitre había callado La Nación; calló también el Quijote, callaron todos. El joven promisorio de 1877 era el fracasado de 1887.
Debieran serle un gran consuelo las cartas entusiasmadas de Manuelita escritas con sus trémulas manos de anciana: "Realmente esa obra es ¡colosal! Estamos leyendo el primer tomo, yo en alta voz para que mi pobre Máximo no pierda el hilo, la comprenda bien y no fatigue su cabeza. Las verídicas referencias a los antecedentes y hechos gloriosos de mi finado padre, bien me han conmovido" le escribe desde Londres. O el apoyo efusivo del viejo coronel Prudencio Arnold de Rosario, el aliento de Antonino Reyes desde Montevideo o la simpatía con que Bernardo de Irigoyen le hablaba, en su salón privado (pintado de rojo punzó), del extraordinario valor histórico de su libro, y el más extraordinario coraje de su autor al editarlo.
Nadie comentaba en público el Rosas, pero desaparecía de los anaqueles.
Al año de ponerse a la venta el tercer tomo, ya no quedaba un solo ejemplar. ¿Éxito genuino o maniobra de algunos para hacerlo desaparecer?
Lentamente se iba conociendo la verdad sobre Rosas; Pero el mayor efecto de la Historia de la Confederación se producía fuera del país. Aquí resultaba difícil romper la barrera de intereses que impedía conocer o juzgar al pasado. Saldías tuvo un éxito completo y perdurable. En sus páginas comprendió la verdad el mejicano Carlos Pereyra, que inicia su Rosas y Thiers con esta frase apoyada en el libro de Saldías: "A Rosas no se lo ha historiado; se lo ha novelado. Y se lo ha novelado en folletín. Otros hombres públicos odiados y maldecidos, han tenido la fortuna de no merecer en tan alto grado la atención preferente de las comadres de ambos sexos, amantes de explicarlo todo por la fístula".
Saldías participó activamente en la Revolución del 90 y fue uno de los primeros en entrar al Parque de Artillería, junto a Leandro Alem, siendo detenido y desterrado a Uruguay.
Uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical en 1891, volvió a ser parte de una insurrección armada en la Revolución de 1893, siendo nuevamente detenido, encarcelado en Ushuaia y nuevamente desterrado a Uruguay.
En 1898 fue Ministro de Obras Públicas y en 1902 Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañando a Bernardo de Irigoyen.
Falleció en La Paz, Bolivia el 17 de octubre de 1914. Su obra es inmortal.

Bibliografía:

Irazusta, Julio “Adolfo Saldías”
Rosa, José María “Historia Argentina”
Scenna, Miguel Angel “Los que escribieron nuestra Historia”