sábado 21 de noviembre de 2009

JOSÉ MARÍA ROSA: VIDA Y OBRA DE UN LUCHADOR POR LA VERDAD HISTÓRICA

Juan Manuel de Rosas emancipa a los negros (arriba). José María Rosa (abajo).


Por Eduardo Rosa



Conferencia organizada el 8 de Agosto de 2007 en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas por Eduardo Rosa, hijo del abogado, historiador, y político Dr. José María Rosa.
La conferencia se basó en datos anecdóticos e históricos en los que Rosa tuvo protagonismo. Asimismo se encontraban personalidades como la del Dr. Enrique Oliva, hombre importante de la resistencia peronista de los años 50 y 60.
Eduardo Rosa empezó afirmando que su padre, José María, a la edad de 13 años escuchaba anécdotas familiares sobre temas históricos. En el ámbito familiar, la historia no era ajena: su bisabuelo había llegado a estas tierras en pleno siglo XIX, y su abuelo –militante conservador- fue ministro de Hacienda del general Julio Argentino Roca.
Cuando se produce el Primer Centenario de la Revolución de Mayo (1910), Rosa contaba con 4 años de edad. En 1931 contrae matrimonio y emprende un viaje a la provincia de Santa Fe, y allí mostró interés por el Partido Demócrata-Progresista y por la figura de Lisandro de la Torre. Será en esta provincia donde, una vez recibido de abogado, ejercerá como profesor universitario.
Al poco tiempo de doctorarse en Derecho, José María Rosa fue nombrado Juez de Instrucción y escribirá su obra "Más allá del Código". Al tiempo que comienza a interesarse por la historia argentina, en 1934 escucha hablar sobre un grupo muy activo en Santa Fe que propone hacer una Comisión Pro Repatriación de los Restos de Rosas. El objetivo era muy osado, y no logra prosperar, pero cuatro años más tarde, en 1938 tiene lugar el centenario del fallecimiento del caudillo federal Brigadier General Estanislao López, y con ello la idea de fundar una institución histórica. Así nace el Instituto de Estudios Federalistas que va a tratar de hablarle sobre historia a la gente de pueblo, decían.
Poco después surge el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, de la que Rosa, llegó a ser presidente durante varios años.
El 9 de julio de 1945 será muy significativo para Rosa, será la fecha de adhesión al movimiento peronista. Refiriéndose a la manifestación popular del 17 de Octubre de 1945, Rosa exclamó que hasta entonces la política era una cuestión de comité y de estudiantes pero nunca de los obreros. Estas palabras las pronunció en un encuentro que tuvo con el Dr. Arturo Jauretche.
Rosa militó en la Alianza Libertadora Nacionalista junto al cura Leonardo Castellani, y desde allí apoyó al peronismo en las elecciones presidenciales de 1946. Eduardo Rosa lo definirá en la conferencia como "un peronista tibio", de los que no llevaba el luto -ante la muerte de Eva Perón, por ejemplo.
Al producirse la llamada “Revolución Libertadora” el 16 de setiembre de 1955, Rosa exclama: "¡esto es Caseros!". Por entonces, Rosa daba clases en la Universidad de La Plata y, promediando 1956, no había sido molestado. Amigo de John William Cooke, una tarde éste le pide asilo a Rosa en su hogar, que era de un ambiente y daba sobre la ex calle Cangallo, en Buenos Aires). Al cabo de unas semanas, al regresar a su casa, Rosa ve cuatro policías apostados que, unos momentos antes, detuvieron a Cooke, y que ahora aguardaban por él. Lo contienen a punta de ametralladoras y pistolas, para ser enviado al Departamento de Policía, y más tarde lo conducen a la ya inexistente cárcel de Las Heras, en pleno barrio de Palermo. Se supo que fue detenido por difundir y predicar "rosismo".
Enviado a la provincia de Entre Ríos, luego se debe exiliar en Uruguay, y finalmente en España. En la Madre Patria publicaba su obra "La Caída de Rosas", título que primeramente se iba a denominar "Caseros" pero debió ser modificado porque los lectores podían llegar a confundirlo con un libro dedicado a los cuidados de las casas, más que relacionarlo a un tema histórico.
Cuando regresa al país, en 1958, vive de lo que escribe en el periódico "Mayoría", entre otros. Eduardo Rosa calificó esta etapa como de supervivencia de su padre. Con el dinero en parte que recibe de la venta de un pequeño terreno sobre la Avenida Rivadavia, Rosa se compró una modesta casa en la localidad de La Barra de Maldonado (Uruguay). En este retiro se dedicará Rosa a escribir su "Historia Argentina".
Con el advenimiento del último gobierno de Juan Domingo Perón, en 1973, Rosa, ya vuelto al país, fue designado embajador en Paraguay, donde trata el tema de la represa Corpus. Más tarde le ofrecen la embajada argentina en Grecia. Eligió este país por su historia, la cual amaba profundamente. Así mismo, en 1973 le aceptan un proyecto por el cual el 20 de Noviembre sea declarado como el Día de la Soberanía Nacional, en honor a la gloriosa gesta de la batalla de la Vuelta de Obligado.
Ocurrido el golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, Rosa es echado de la embajada en Grecia. Con las mismas fuerzas que lo caracterizaron en vida, pero en medio de un pueblo que estaba aturdido por tanta violencia, Rosa sacó la publicación "Línea", la única que se animaba a discrepar con la dictadura. Las presiones lograron clausurar, poco tiempo después, al periódico "Línea", y con ello se esfumaba el último aporte de este historiador.

Fuente:

ROSA, Eduardo, “Vida y obra de un luchador por la verdad histórica”, conferencia pronunciada el 8 de agosto de 2007 en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.

viernes 20 de noviembre de 2009

VALES DE ROSAS

Juan Manuel de Rosas (arriba). Combate contra los indios (abajo).




Por Eduardo Guerin




En la página 90 del libro "Monedas y Medallas" del numismático e historiador Arnaldo J. Cunietti-Ferrando leemos y extractamos que, cuando corría el año 1833, el General Rosas, para poder financiar en parte la campaña al desierto, optó por la idea de "la creación de un papel moneda propio, avalado por su prestigio y que denominó Villetes del exército expedicionario en valores de 20, 50 y 100 pesos. La emisión de 100.000 pesos fue distribuida totalmente entre los soldados, estableciéndose que deberían ser recibidos obligatoriamente por negociantes, pulperos establecidos, pulperías volantes y vianderos, en pago de provisiones y/o "vicios". Al regreso de la campaña, estos vales fueron canjeados en su totalidad por billetes de banco y, según la Gaceta Mercantil, "quemados luego públicamente."
El propósito de este artículo es relatar una introducción del momento histórico, ubicándonos en tiempo y espacio, la razón de la emisión de los "villetes" y vales, el lugar y fecha en que fueron recuperados, canjeados y quemados. La confirmación de esta operación de la destrucción de los "villetes" está detallada en el parte diario de la División Izquierda, donde se transcribe parcialmente este hecho, al finalizar la introducción.
Recordemos que esta expedición tuvo como jefe general al entonces Brigadier Don Juan Facundo Quiroga, con el título de General Director de la Guerra contra los Bárbaros o Comandante en Jefe del Ejército Combinado contra los Indios Enemigos, Director de la Guerra Don Juan Facundo Quiroga (así encabezaba las cartas que enviaba Rosas a Quiroga). Esta jefatura fue impuesta por la popularidad que ostentaba Quiroga en ese momento y que era superior a la de Rosas.
La expedición estaba formada por tres Divisiones: el ala Izquierda a cargo del General Juan Manuel de Rosas y como segundo el Mayor General Angel Pacheco, que fue quien escribió los partes diarios del ala Izquierda, supervisado y acotado por el propio Rosas; el ala del Centro que en principio comandaría el propio Quiroga, pero dado el quebranto de su salud, se quedó en San Juan y delegó el mando al General José Ruiz Huidobro, hombre de su entera confianza; y por último el ala Derecha comandada por el Brigadier General José Felix Aldao. Todos los jefes nombrados, excepto Rosas, pertenecieron al Regimiento que comandó el Gral. San Martín.
En cuanto a la faz económica, el Gobierno otorga a la expedición, luego de autorizarla, la suma de 1.500.000 pesos, suma ésta que no fue entregada en su totalidad, al igual que los uniformes, pertrechos, etc., los cuales fueron retaceados; estos inconvenientes fueron planeados y llevados a cabo por el ministro de Guerra Martínez (contrario a las ideologías de Rosas).
Recordemos que esta campaña movilizó a mas de 4.000 hombres de tropa, más de 13.000 caballos, reses de consumo, cientos de carretas. Hacemos notar que en la división Izquierda se usaron para el transporte de tropas, pertrechos, víveres, etc. barcos que partiendo de Buenos Aires, se dirigían a Fuerte Argentino (Bahía Blanca) y a Patagones, o entre Patagones y Bahía; recordamos la Goleta Encarnación, el Bergantín Goleta militar San Martín, la Zumaca Providencia, etc.; con el grueso de las tropas de caballería, infantería, artillería, provisiones y logística, el ala Izquierda también llevó al Capitán de Marina Guillermo Bathursth, tropa de marinería y dos canoas de 30 pies de largo por 10 pies de ancho, más dos balleneras mandadas a construir en el Cuartel General a orillas del Colorado, con las cuales se hizo un exhaustivo reconocimiento del río Colorado hacia las dos aguas, además de servir para el paso de las tropas a través del mismo. Debemos agregar también los baqueanos y lenguaraces que llevaban cada partida, batallón, convoy, etc.; un regimiento paralelo (uniformado, recordemos los ponchos de bayeta punzó), de "indios amigos", que iban aumentado como consecuencia de la amistad que iba generando Rosas con las distintas tribus y que pasaban a estar bajo su protección, a los cuales se le repartían tierras, hacienda y "vicios".
El ala Izquierda llevaba además agrimensores (recordamos a Feliciano Chiclana) que midieron todo el recorrido de la expedición y realizaron los primeros mapas de su zona de influencia; astrónomos (recordemos a Nicolás Descalzi); acuarelistas, médicos, naturalistas que describieron por primera vez con minuciosidad la flora y la fauna de toda la región, etc.
Luego de este pequeño resumen colegimos que el presupuesto oficial, a más de ser retaceado, no podía satisfacer las necesidades de aquella campaña; de ahí que Rosas decide la emisión de vales personales (firmados por el propio Rosas); los villetes fueron redimidos, en parte por el banco y en parte por la empresa ganadera que poseía junto a Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego; los vales personales fueron cubiertos exclusivamente a sus expensas. Cabe consignar que todos los estancieros, a título de donación, por pedido expreso de Rosas unas veces, y otras por el propio gobierno, contribuyeron con grandes cantidades de reses para consumo y caballada.
Como dato interesante, agreguemos que las partidas de dinero eran enviadas a través del mayoral de diligencia (hombres probos de los que no había antecedentes de que alguna vez faltara dinero de alguna partida). Para comprobar, a veces se marcaban los billetes o se "levantaba" su numeración; los chasques o correos del ejército, lo mismo que el servicio de mensajerías del correo, también transportaban dinero de los grandes arreos (para que esto último se entienda, consignemos que en aquellos tiempos los arreos tenían longitudes a veces de hasta 20 kilómetros, 4 leguas).
Volviendo al tema del papel moneda emitido por Rosas, podemos comprobar a través de la transcripción del parte diario escrito por Pacheco, el lugar, fecha y testigos que presenciaron el acto de quema. Reproducimos a continuación un extracto correspondiente a este tema, omitiendo los datos como por ejemplo: ubicación del campamento, estado del tiempo temperaturas, orientación, descripciones de lugares, pasturas, aguadas, fauna, flora, kilómetros recorridos:


Mes de enero de 1834


Día 1.- El agrimensor Feliciano Chiclana marchó para Buenos Aires. También se despachó una cautiva porteña.
Día 2.- En presencia del señor general se quemaron 98.930 pesos de los 100.000 emitidos en vales provisionales del ejército para el pago de las tropas oficiales.
Día 3.- Sin novedad.
......................................
Día 17.- Recién este día y como si la operación se hubiera realizado el 3 de enero, se inserta el acta de la quema de vales efectuada el 2, según consta en el mismo diario. Esta acta dice "que reunidos en el alojamiento del señor general, los miembros de la comisión nombradas para habilitación y amortización de los 100.000 en vales provisionales del ejército, puestos en circulación en consecuencia de la resolución superior del 16 de septiembre del año anterior, coroneles Ramón Rodríguez y Juan Antonio Garretón, el comisario Pedro Rodríguez, Vicente Torcida y Antonio Reyes, oficiales de la Secretaría de la Comandancia General, fueron contados y recontados cinco partidas de valores, cuyo valor total alcanzó a 98.930 pesos, quedando en circulación 1.070 pesos, por suya suma para su rescate, queda en la tesorería de dicha Comisión igual cantidad de billetes de banco. El acta labrada en presencia de todos los que quisieron presenciar el acto, fue firmada por Juan Manuel de Rosas y los cinco nombrados. Sigue a la anterior, otra del 7 de enero, en que consta que se quemaron 710 pesos en valores. Sigue otra del 12 de enero, día en que se quemó la última partida de valores, por 360 pesos.

Fuente:

GUERIN, Eduardo, en El Telégrafo del Centro nº 26, Agosto 2002.

lunes 16 de noviembre de 2009

SARMIENTO Y SUS ESFUERZOS POR PROMOCIONAR EL FACUNDO

Facundo Quiroga (por F. Bourse Herrera, arriba). Domingo F. Sarmiento (abajo).
Por El Historiador


El 11 de septiembre de 1888 moría en Paraguay Domingo Faustino Sarmiento, uno de los principales impulsores del sistema educativo del país. Además de maestro, Sarmiento fue periodista, militar, diplomático, escritor, gobernador y presidente. En San Juan, su provincia natal, fue testigo de las guerras civiles que asolaron a la provincia. En 1827, se produjo un hecho que marcaría su vida: la invasión a San Juan de los montoneros de Facundo Quiroga. Decidió oponerse al caudillo riojano incorporándose al ejército unitario del general Paz. Facundo parecía por entonces imparable: tomó San Juan y a causa de esto, Sarmiento decidió, en 1831, exiliarse en Chile.
Durante su segundo exilio en ese país, en 1845, publicará su obra más importante, Facundo, Civilización y Barbarie, una denuncia contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Apenas aparecida, la obra no tuvo gran acogida. Esteban Echeverría comentaba en una carta a Alberdi que en el Facundo no encontraba más que “lucubraciones fantásticas, descripciones y (un) raudal de cháchara infecunda”. Sarmiento se encargó de promocionar “su Odisea”, como la llamaba en ocasiones. A continuación transcribimos cuatro cartas que Sarmiento le enviara a Juan María Gutiérrez, que muestran el empeño con el que Sarmiento promocionaba su obra, enviaba ejemplares “en todas direcciones” e intentaba “endilgar” el su Facundo por Europa. Al parecer, tuvo éxito porque ya en septiembre de 1846, la parisina Revue des Deux Mondes destacó que Facundo era “no sólo una de esas raras muestras que nos llegan de la vida intelectual de la América del Sur, sino un documento de grande importancia”.
Fuente: Sarmiento, Domingo Faustino, Páginas Confidenciales, Buenos Aires, Elevación, 1944.
Santiago, Julio 24 (1845).

Señor Don Juan M. Gutiérrez:
Remito a Vd. el primer ejemplar del Facundo que ve la luz pública. Ha salido como una cosa infamemente tratada.
¿Quiere Vd. encargarse de analizarlo, por El Mercurio, y decir que es un librote estupendo, magnífico, celebérrimo? Sin miedo de ofenderme diga en este sentido lo que le dé la gana; soy tolerantísimo. Cuando más le permito que por no ofender mi modestia añada que es una producción indigesta, incorrecta y nauseabunda; pero nada más.
Si quiere hacerlo, que publique para la salida del vapor, a fin de que no alcancen a salir las críticas que aguardo de mis amigos de por acá. Esto es el 30.
López ha sido hoy electo miembro de la Universidad, por seis votos. Piñero recibió los tres restantes y luego ¿Cómo le va a Vd., qué hace? ¿Por qué se hace la niña bonita y no me escribe? ¡Qué diablos! Vea: estoy a la mira de la salida del buque para Europa para que endilguemos el Facundo por allá y para Montevideo también.
Quedo de Vd. affmo. amigo,
Domingo F. Sarmiento



Santiago, agosto 8 de 1845.

Señor Don Juan María Gutiérrez:
¡Dichoso Vd., mi querido amigo, que puede escribir a los suyos largas y afectuosas cartas en que su preciosa alma se derrama en afectos y recuerdo! ¡Dichoso! Yo tengo que hacer el triste papel de un soso, descortés con mis amigos, privado de ganarme, no por sorpresa sino a fuerza de maña y tiempo el corazón de aquellos a quienes estimo. Los descuido, y a fuerza de no entendernos quedo puesto, sin intención y sólo de hecho, fuera de la comunidad de las simpatías.
Imagínese que hace diez días que quiero escribirle, que ayer protesté ante mí hacerlo hoy indefectiblemente y muy extensamente y que son ya las tres y cuarto y apenas puedo principiar.
¿Desorden, pereza, desatención? Hoy no por lo menos. Estoy ocupado con este maldito Rebujón que me saca los ojos, y por una medida puramente higiénica me propongo sacárselos yo. ¡Qué avisado ha sido Vd. en no meterse con la política! Este es un métier, infame y molesto como el de sacar hormigueros. Sé que ha hallado Vd. una casa quinta, con exposición al mar, aire fresco, alguna vegetación, y sobre todo, separada del contacto del mundo. Anacoreta o sibarita del espíritu, ¡cómo lo envidio! Quizá si estuviese yo en ese orden me moriría de fastidio y haría lo que Adán hizo por hacer algo, morder el fruto prohibido.
Escribió Vd. su salutación editorial en El Mercurio y se la agradezco. Si no fuera periodista yo hubiera creído que la chanza era pesada; pero como soy del métier, comprendí que hacía Vd. con el Facundo lo que yo he hecho tantas veces con otras cosas peores. No vaya Vd. a tener la falta de gusto de entrar en explicaciones sobre este punto. Como criatura racional que me creo, juzgo lo que hay de verdad en su apreciación y esto me bastaría para ponerme muy necio.
Vuelven los aguaceros, y no sé qué hacerme para mandar cuadernos allí para que estén prontos a salir en todas direcciones. Hubiera querido mandarle al Times; quiero que lleven a Francia, y la Rumanacargue con el resto a Montevideo. ¿Vd. se encargaría de desparramar por todos esos puntos esta mala semilla? (…)
Domingo F. Sarmiento



Santiago, agosto 22 de 1845.

Señor Don Juan M. Gutiérrez:
Es Vd. un taimadísimo amigo de quien es preciso importunar sin descanso para arrancarle una palabra. Vamos, déjese querer.
Le remito un cajón que le entregará Peña, el cual contiene 170 ejemplares de mi Odisea, como se ha complacido en llamarla Vd. por una admirable mezcla de afecto, convencimiento e inofensiva ironía. Pero no importa, yo también la llamaré desde ahora mi Odisea, con más títulos a ella que Homero, a quien como Vd. sabe la envidia póstuma ha venido a despojarle de tanta gloria unos veinte y cinco siglos después de su muerte.
Estos 170, los remitirá a Montevideo a alguno de sus amigos, para que asignándoles un precio vendible, los haga circular donde convenga, sin perjuicio de darme las cuentas del Gran Capitán; veinticinco mandados al General Paz; cincuenta introducidos furtivamente en Buenos Aires, tantos regalados a los patriotas en place.
Van tres parta para Varela, Echeverría y Rivera Indarte, los únicos tres nombres de por allá, que me suenan al oído bien claros y distintos. Mañana o más tarde irán tres más en tafilete, con recortes dorados ¿para quiénes se imagina Vd.? Para Ousseley y Deffandis y Vd. a quien como Comandante de la marina futura de Chile debo hacer este honor. Vaya que es curioso ver a un pobre gaucho, de la Pampa, tant sois peu poeta, enseñando a marinas por estas Mericas. Me lo imagino a Vd. con un conveé, como la gallina que cría patitos y los ve con horror y asombro lanzarse al agua “¡No hijitos, os vais a ahogar!”. Pero Vd. no sabe de todo lo que somos capaces los argentinos, sobre todo si estamos emigrados y falta qué comer. Entonces nos sentimos titanes, entonces nos revelamos a nosotros mismos. Yo, provinciano vitañero, si algo he sido en mi vida, flaneur más propiamente hablando me enderezo, diarista, político, historiador, director de Escuelas Normales, qué sé yo qué.
Pero volvamos a su misión de derramar la Odisea por toda la redondez del orbe. ¿A que no ha mandado un ejemplar al Times? ¿A que no ha escrito una palabra a sus amigos de Francia, al Nacional, La Democracia Pacífica, Revistas de París y de Ambos Mundos?
Vamos, hágalo. Deje que aquellos caballeros, por incomodar a Guizot digan tantas gracias como las que Vd. dijo, para hacerme saltar de contento, para hacer aspirar a un pobre amigo un poco de la fragancia de las lisonjas, que mecen el amor propio. Temo que el Facundo, ande rezagado por todas partes, y llegue fiambre y un poco descolorido, cuando las pasiones políticas resfriadas dejen verlo, en toda su insignificancia.
Disponga de los ejemplares a la rústica que hay en las librerías de Valparaíso, para estos envíos, entendiéndose con Peña al efecto. En fin hago a Vd. responsable con su vida y empleo el exacto desempeño de esta comisión, prometiéndole ascenderlo al más complaciente y oficioso amigo, de lo que le doy desde ahora el grado. (…)
Domingo F. Sarmiento



Río de Janeiro, marzo 1º de 1846.

Señor Don Juan M. Gutiérrez:
(…) A Alberdi dígale que he leído con gusto la crónica salada que hizo en el Mercurio, y que me ha hecho reír mucho la amargura con que está escrita. Señal clara de que empiezan a apretar los americanos. Me pesan como mis pecados todos los acalorados discursos que he escrito contra Rosas, y las rabias que ello me ha costado. Chile y la costa del Pacífico y la América entera son en la cuestión del Plata como la bosta del jején que “ni yede ni huele”. ¿A qué diablos desvivirse por hacerles oír razón? Su simpatía y su antipatía no pesan en la balanza de nuestros destinos, más que un “pelo del c…de un apis”. Son estas comparaciones que aprendí en las minas de Copiapó. Aquí nadie se acuerda de Chile para maldita la cosa, ni esperan nada en favor, ni temen nada. Déjenlos que se los lleve el diablo, si pudiesen Vds. aguantar sin contestar una palabra. Si yo hubiese estado por allá les había dicho desde una hasta ciento a los enemigos de la intervención lo que no obsta para que sigan el sano consejo que desde aquí les doy.
Ayer estuve con Hamilton y me habló con entusiasmo de la Memoria de Frías sobre la navegación de los ríos. Comuníquele esto a nuestro amigo, que se gozará en ello, como nos sucede a todos, los que ponemos palabras en orden. A mí digo la verdad, se me cae la baba.
Adiós pues querido, trabaje con tino duerme largo, joda mucho y diviértase, que el tiempo pasa, y no debemos malograrlo
De Vd. affmo.
Domingo F. Sarmiento

Tengo que echarle a Vd. un c… y se me había olvidado. ¿Por qué no mandó a Río de Janeiro los ejemplares del Facundo que le encargué? Yo he llegado con uno aquí, y como temo que la carretada que fue a Francia esté tirada en algún puerto, no he querido desprenderme de él. Qué libro tan desgraciado fue éste; todo hasta la impresión salió como si Rosas hubiese sido el que ponía la mano en él. Sóplese esa.


Fuente:
www.elhistoriador.com.ar