lunes 31 de agosto de 2009

EL ACTA Y MANIFIESTO DE LA AUTONOMÍA SANTIAGUEÑA


Interior de rancho (Carlos Pellegrini, 1841, arriba). Prof. Luis C. Alén Lascano (abajo).





Por Luis C. Alén Lascano
Hoy se cumplen los ciento ochenta y seis años de la Declaración de la Autonomía Santiagueña, pronunciamiento ampliamente justificado en su Acta y Manifiesto explicatorio cuyos fundamentos doctrinarios constituyen un documento fundamental para el desarrollo y la consolidación del federalismo argentino. Por ello mismo nuestra preocupación se dirigió a estudiar el tema y la personalidad de su autor, aún envuelto en la nebulosa de los hechos históricos no debidamente esclarecidos.


Ante el nuevo aniversario hay que abordar el tema desde sus antecedentes remotos e inmediatos que confieren solidez al anhelo autonómico del pueblo santiagueño. Estos antecedentes bien podrían ubicarse en el siglo XVI cuando tuvo lugar la lucha de las jurisdicciones entre el Virreinato del Perú y la gobernación de Chile, zanjados por el Rey Felipe II al crear en 1563 la Gobernación del Tucumán, Juríes y Diaguitas cuya capital se estableció en Santiago del Estero, completando estas distinciones al concederle en 1577 las prerrogativas de Ciudad con título de Muy Noble.
Tal situación se mantuvo, al menos nominalmente, hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata inspirado en la tradición centralista del unitarismo francés traído por los Borbones. En 1782 la ordenanza para el establecimiento de las gobernaciones-intendencias constituía la de Salta del Tucumán que incluía Santiago del Estero, y este régimen se mantuvo hasta 1814 en que por decreto del director Posadas una nueva subdivisión vino a nominar la provincia de Tucumán con jurisdicción sobre San Miguel, Santiago y Catamarca. Esta dependencia alteró el espíritu público y se produjeron las intentonas revolucionarias de 1815 y 1816 acaudilladas por Juan Francisco Borges, cuyo fracaso dejó la simiente autonómica en el alma provinciana.
No extrañó su estallido al amparo de los acontecimientos nacionales que dieron por tierra con los poderes centralistas, afianzadas por la batalla de Cepeda y el Tratado del Pilar a comienzos de 1820. Esa oportunidad fue aprovechada por los patriotas santiagueños al llamar al Comandante de Abipones Juan Felipe Ibarra con cuyo auxilio fueron desalojadas las tropas tucumanas y elegidas nuevas autoridades el 31 de marzo con un nuevo Cabildo y el Comandante Ibarra como Gobernador. Faltaba dar el paso definitivo de la autonomía que de hecho existía desde entonces y el 7 de abril se ordenó que en toda la jurisdicción se eligieran los electores que debían reunirse en la ciudad para “preparar la organización republicana y federal de este Estado” con relación a la República de Tucumán planificada por Bernabé Aráoz. Finalmente la torpeza del mandatario tucumano apresuró en la sensibilidad santiagueña la decisión autonomista y la Asamblea Electoral se constituyó el 25 de abril con representantes de todos los departamentos del interior y el “carácter revolucionario de legislatura constituyente”, al decir de Mitre en su “Historia de Belgrano”. Quince legisladores departamentales la integraban bajo la presidencia del presbítero Manuel de Frías, diputado por la Capital, eligiéndose Secretario al licenciado Fernando Bravo, de Matará, quien tuvo a su cargo toda la documentación y los trabajos de la Asamblea hasta el día 27 en que su renuncia fue aceptada y asumió esas tareas como Secretario ad-hoc el militar francés Juan José Dauxion Lavaysse, radicado temporariamente en Santiago.
Ese mismo día se dio a conocer el Manifiesto y Acta de Autonomía, redactada en términos doctrinarios tan precisos que el historiador López destacó que “ninguna otra levantó entonces más alto ni más luminosamente los grandes principios de la reorganización federal… ni los produjo de una manera más neta y categórica”. No obstante que el trabajo de la Asamblea estuvo confiado al licenciado Bravo y era efímera la actuación de Lavaysse, su connacional Paul Groussac escribió en el Ensayo Histórico sobre el Tucumán, de 1882, que “el documento fue redactado por el francés Lavaysse y está lleno de galicismos”. Tan débil argumentación se sostenía en un solo término aunque reconocía que la voz era también castellana y en el sentido aplicado en el Manifiesto autonomista. Sin embargo la mentalidad reinante en su época no podía concebir en un nativo del medio la cultura política capaz de redactar un documento de tanta jerarquía intelectual y fue fácil adjudicarle su autoría al único extranjero allí presente, para crear una leyenda que todavía perdura, pese a su endeblez.
Una paciente investigación del doctor Alfredo Gargaro dada a luz en 1943 destruyó esa falsedad aunque desgraciadamente sus términos están hoy olvidados. Este escrupuloso académico afirmó “por haber tenido en mis manos el documento original… que en la caligrafía del documento ereccional y la carta de defensa personal escrita a Pueyrredón, se nota fácilmente la diferencia de escritura, que induce a decir que no es la misma persona quien hiciera ambos documentos. Lavaysse no hizo más que firmar lo que había dejado hecho su antecesor el licenciado Fernando Bravo, persona capaz y entendida en materia de derecho”. Después de estas contundentes manifestaciones el enigma del autor de nuestra Acta se ha despejado totalmente aunque cierta historiografía se niegue a reconocerlo a pesar del tiempo transcurrido desde la publicación del doctor Gargaro.

La personalidad del licenciado Fernando Bravo


Firmaba humildemente Fernando Bravo, pero en realidad se llamaba Fernando Bravo de Zamora y Paz de Figueroa pues era hijo del Maestre de Campo Fernando Bravo de Zamora y de doña Isabel de Paz y Figueroa, nacido en Santiago del Estero el 21 de septiembre de 1759 con el padrinazgo del Maestre de Campo Francisco Javier de Saavedra Gramajo y su esposa doña María Juana de Paz y Figueroa, hermana de la Beata María Antonia de Paz y Figueroa y prima segunda de la madre del general Juan Felipe Ibarra de Paz y Figueroa, según la información genealógica de otro miembro de ese linaje, don Alberto Bravo de Zamora. Al conocer su temprana vocación religiosa fue enviado al Monserrat de Córdoba en 1776 graduándose como bachiller, licenciado y maestro de Artes en 1783. Allí fue contemporáneo en sus estudios con el presbítero Manuel de Frías en 1795, quien presidió la Asamblea autonomista, y sus hermanos Félix Ignacio y Francisco Javier; Pedro León Gallo de 1799, presbítero Alonso Garay de 1763, Baltasar Borques de 1779, Félix Acosta de 1777, aunque anterior a Juan Felipe Ibarra de 1801 y el Maestro Felipe Ferrando de 1800.
Una vez ordenado sacerdote, a partir de 1784 sirvió en Soconcho, luego tres años en la Reducción de Petacas, en 1796 se lo trasladó a Catamarca y vuelto a Santiago en 1802 vivió en la Reducción de Abipones y finalmente su destino estuvo como cura de Matará, desde donde venía a Santiago y tomaba participación en la vida pública. Esta actuación y su reconocida versación llevaron al Cabildo en 1813 a designarlo conjuntamente con D. Manuel Gregorio Caballero para tomar las pruebas de oposición a los maestros concursantes para ocupar la Escuela donada por el General Belgrano, que finalmente no llegó a inaugurarse. Igualmente, en la Asamblea electoral del 4 de abril de 1816 llamada a elegir uno de los dos diputados santiagueños al Congreso de Tucumán para acompañar a Uriarte, obtuvo dieciséis votos contra veinticuatro del presbítero Pedro León Gallo, en otro episodio de su prestigio y consideración a su versada capacidad. No extrañó entonces su elección en representación de Matará, donde estaba su ministerio, para la Asamblea de 1820 y la designación junto a Frías en la presidencia de la misma, para ocupar la secretaría del cuerpo. Con estos prestigios y las evidentes huellas del conocimiento del derecho público de raíz hispana conforme a su formación filosófica nutrida de la concepción suareciana del pacto político originario de toda autoridad, “convencidos del principio sagrado que entre hombres libres, no haya autoridad legítima sino la que dimana de los votos libres de los ciudadanos” -como dice el Manifiesto autonomista en demostración de las fuentes de su autor, no cabe dudas en la pertenencia a Bravo de Zamora. Y la mención concreta al régimen constitucional norteamericano pertenecía al conocimiento común del sistema federal desde los tiempos de Borges y las resonancias del artiguismo en Santiago.
Creemos, por eso, haber aportado una información necesaria para el esclarecimiento del autor de nuestros documentos fundadores, y es de justicia exaltar la figura del licenciado Fernando Bravo de Zamora en su real significación histórica, porque después de esa larga trayectoria civil y religiosa, nuestro héroe falleció en Matará en 1825 a los 66 años en pleno ejercicio de su apostolado eclesiástico, como lo consigna don Andrés Figueroa al evocar a los próceres de la autonomía santiagueña.
Y por último, otro dato harto contundente refuerza nuestras afirmaciones pues si bien Lavaysse era un exponente de la cultura europea, su formación intelectual era imperial. Había sido un general bonapartista y con la restauración borbónica debió exiliarse en América donde sirvió la causa emancipadora argentina. Pero si bien vivió en los Estados Unidos y conoció su sistema político antes de venir a estas tierras, al año siguiente de la Autonomía santiagueña, ya trasladado a Tucumán, publicó allí un opúsculo en 1821 sobre “Opiniones de los publicistas más célebres sobre las diversas formas de gobierno libre” como extracto de una obra inédita acerca del origen de los gobiernos, citada por Ricardo Rojas en su libro Las Provincias, de 1927.
Allí se pronuncia firmemente monárquico en reafirmación de sus ideales primerizos, por lo que cabe suponer un difícil entusiasmo autonomista y republicano en la redacción pretendida por Groussac del Acta santiagueña, indudablemente debida al licenciado Bravo de Zamora.

Fuente:

ALÉN LASCANO, Luis C., "El Acta y Manifiesto de la Autonomía santiagueña", en El Liberal, 27 de abril de 2006.

sábado 29 de agosto de 2009

EL PATRIOTA PROTECTOR DEL FUTURO RIOJANO EN 1826

Juan Facundo Quiroga (litografía de César H. Bacle, arriba). Quiroga (por F. Bourse Herrera, abajo).


Por Oscar J. Denovi
"Cuán fatal es la ilusión en que cae un legislador, cuando pretende que sus talentos y voluntad pueden mudar la naturaleza de las cosas o suplir a ellas sancionando o decretando creaciones". Con estas palabras insertas en el discurso inaugural del Congreso Constituyente, Bernardino González Rivadavia, Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el 8 de febrero de 1826, por ley votada en dicho Congreso el 1° de ese mes, que se había reunido según el pacto del Cuadrilátero, (25/1/1822, instrumento que sirvió para desarticular el Congreso de Córdoba, reunido bajo la influencia federal de Bustos y por aplicación del Pacto de Benegas) daba paso a la apertura de las sesiones para constituir la República.
Dice respecto de esta parte del discurso Ernesto Palacio en su Historia Argentina: "No obstante esta inesperada confesión de realismo político, su presidencia parece, más todavía que su Ministerio la gesticulación de un sonámbulo." (1)
Lejos de la moral que se desprende de tal comprensión realista de la política, el Señor "Presidente", cuestionado por un diputado de su propio bando unitario en cuanto el cargo asumido antes de la sanción de la Constitución, Gorriti (Salta) y por un federal, Manuel Moreno (Banda Oriental), culminaba la obra formal que le permitiría manejar los negocios pergeñados de antaño, y cuyo entramado se había concretado en las reuniones mantenidas como embajador después de su Ministerio de Gobierno con Martín Rodríguez, bajo la autorización de un decreto de dicho gobernador de Noviembre de 1823 que establecía lo siguiente: "Queda autorizado el ministro secretario de relaciones exteriores y gobierno, para promover la formación de una sociedad en Inglaterra destinada a explotar las minas de oro y plata que existen en el territorio de las Provincias Unidas." (2)
Hace notar el autor, (Ernesto Palacio) que Buenos Aires se arrogaba la representación de las provincias sin que ninguna hubiera otorgado dicha representación para concretar semejantes negocios.
Con estos antecedentes se comprende entonces que la formación del ejército Presidencial destinado a operar en el Norte - donde había minas diversas de dichos metales, la más importante conocida, Famatina - formado inmediatamente de entrar en funciones Rivadavia - no respondió a otros motivos que los de doblegar por las armas cualquier resistencia que se opusiera a la explotación minera de la compañía River Plate Minning Association. Esta situación era previsible, ya que durante el Gobierno del General Las Heras, a mediados de 1825, llegaron miembros de la compañía, encabezados por el capitán Francis Bond Head, quien solicitó al gobierno bonaerense el cumplimiento de lo estipulado en el contrato societario de la River Plate y el decreto de fines del gobierno de Rodríguez que facilitaba los trámites rivadavianos representativos de las provincias rioplatenses. El gobernador Las Heras hizo saber a los recién llegados que desde enero de 1825 regía la ley Fundamental, por lo que las provincias se regían por sus propias leyes. Nada podía ser autorizado en Buenos Aires.
Además de este obstáculo, que no impidió la explotación en San Juan por obra del gobernador unitario Salvador María del Carril, para luego hacerlo en San Luis y Mendoza, los intereses de la compañía inglesa chocaban con una compañía argentina formada en 1824 por Baltazar Aguero con los mismos fines (explotación del Famatina), Casa de la Moneda y Mineral de Famatina se la denominó, donde participaba Braulio Costa y Juan Facundo Quiroga.
Al frente del ejército Presidencial se nombró al General Gregorio Aráoz de Lamadrid, que reportaría a la jefatura del General José Antonio Alvarez de Arenales y contaría con el apoyo del Gobernador catamarqueño Gutiérrez. El ejército a órdenes del General "que no había superado la edad infantil", según Paz en sus memorias, gozaba de una situación privilegiada en comparación con el otro ejército argentino de la época, que tenía nada menos la misión que sostener la guerra con el Brasil. Recibió aquél 2000 fusiles y 1500 sables que se le restaron al arsenal del segundo, y gozaba de la ventaja de que los giros contra la Tesorería Nacional tenían orden de ser pagados ante su presentación sin dilaciones, lo que no ocurrió obviamente con el que libró la guerra cuyo final de verdaderos desarrapados, fue aprovechado políticamente para derrocar y asesinar a Dorrego. Si a ello se suma el origen espúreo del reclutamiento, hecho en Tucumán para la guerra con Brasil, pero vuelto contra su gobernador Javier López, para sustituirlo por Lamadrid, el tamaño de la felonía fue inmenso.
Los federales estaban atentos a las maniobras rivadavianas: Bustos le escribía a Estanislao López "Es preciso, compañero, que Ud no se descuide porque el presidente está echando hombres comprados por todas partes para que nos hagan revolución o para que nos quiten del medio.....Esta provincia tal vez se separe del Congreso, y creo que sería mejor para organizarnos de otro modo más seguro, o que el Congreso salga de Buenos Aires".(3)
Así las cosas, y luego de diversas alternativas, el 27 de octubre Facundo Quiroga que avanzaba sobre Tucumán se encuentra con las fuerzas de Lamadrid en el paraje El Tala. La batalla, entre el veterano oficial de los ejércitos de la Independencia y el caudillo riojano empíricamente militar, termina en una derrota donde hasta el general en jefe del ejército veterano fue dado por muerto, después de haber recibido 15 heridas de sable, un bayonetazo y el tiro de gracia de quienes dándolo por herido de muerte, dieron así la cuota humanitaria de final sin más sufrimiento al caído. Era el alzamiento de las provincias del norte en guerra abierta contra el "Presidente"...de las minas de oro y plata de la argentina, para las sociedades inglesas.


Notas:

(1) Ernesto Palacio, "Historia Argentina", Tomo II, pag. 205.A. Peña Lillo editor, Bs. As., 1965.
(2) Fermín Chávez, "Historia del país de los Argentinos", pag. 160, Editorial Theoría, Bs. As., 1991.
(3) Palacio, obra citada, pag. 294

Fuente:

DENOVI, Oscar, “El patriota protector del futuro riojano en 1826”, en Rebanadas de realidad (16/03/2007). http://www.rebanadasderealidad.com.ar/

lunes 24 de agosto de 2009

JUAN MANUEL DE ROSAS Y LOS NUEVOS DESAFÍOS DEL REVISIONISMO

Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga (arriba). Estanislao López (Dibujo de Bourse Herrera, abajo).


Por Francisco José Pestanha
"El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros ejercido en nuestra contra, es cosa que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente, es enemigo; la disidencia de opinión, es guerra, hostilidad que autoriza la represión y la muerte"
Juan Bautista Alberdi (Escritos Póstumos)


Hablar de Don Juan Manuel de Rosas en un ámbito sindical es referirse a uno de los tantos argentinos cuyo pensar y obrar integran – afortunadamente - la magnífica tradición histórica que nutre al movimiento obrero Argentino. No obstante ello, debemos reconocer que su figura aún no ha sido receptada e incorporada en la dimensión que le corresponde, por los programas que nutren nuestras escuelas, academias y universidades.

En esta conferencia voy a abordar tres cuestiones. La primera, constituirá una breve referencia al revisionismo histórico, corriente historiográfica que como hemos visto en otras oportunidades, integró figuras de la talla de José María Rosa, Fermín Chávez y Ernesto Palacio (entre otros). Posteriormente enunciaré algunos aspectos significativos de la vida del Restaurador, para finalizar con una breve referencia respecto a los que a mi criterio, constituyen los nuevos desafíos revisionistas.

En realidad el Rosas que hoy conocemos resurgió a la luz de nuestro pasado gracias a la patriótica labor de una corriente historiográfica - el revisionismo histórico - que en los albores del siglo pasado asumió como misión la de exorcizar no solamente a Don Juan Manuel, sino también a cientos de protagonistas que habían sido obliterados por los “historiadores oficiales” como Juan Facundo Quiroga, el Chacho Peñaloza, Alejandro Heredia, Juan Felipe Ibarra o Felipe Varela (entre otros tantos). Aunque cueste creerlo, gran parte de estas figuras cuyo protagonismo político y cultural resultó esencial durante el siglo XIX, fueron menoscabadas por ciertos “relatores de la historia”, quienes empequeñecieron su protagonismo o lisa y llanamente redujeron su desempeño a cuestiones marginales.

Para entender cabalmente esta cuestión, bien vale citar aquí un párrafo de un compositor argentino que también es docente en este Instituto – Litto Nebbia – quien alguna vez escribió: “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. Con la simpleza que lo caracteriza, Litto hizo referencia a un fenómeno que no solamente aconteció en nuestro país, sino que resulta corriente en toda comunidad humana: las grandes batallas no solamente condicionan el futuro, sino que además rescriben el pasado.

Así la confrontación de Caseros acontecida el 3 de febrero de 1852, no solo tuvo consecuencias para los años posteriores en el sentido que determino que los vencedores (una alianza constituida – entre otros factores - por el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza y sus tropas, los unitarios, los “doctores porteños” y el inestimable apoyo del entonces Imperio Brasilero), se consolidaran en el poder y proyectaran un país - sino que además - presupuso la construcción de un relato histórico funcional a dicho proyecto de “dependencia consentida”, proyecto que entre otros componentes, fomentó el “re - poblamiento del país” a partir de una política de inmigración masiva.

Les propongo detenernos un segundo y analizar los siguientes datos; Entre 1869 y 1914 la pampa húmeda y la mesopotamia quintuplicaron su población de 870.960 habitantes en 1869 a 4.473.804 en 1914. Por su parte, la Ciudad donde hoy nos encontramos, creció 8 veces en igual período es decir pasó de 187.346 a 1.576.597 habitantes. Este crecimiento aluvional no fue casual. Dentro del proyecto de los vencedores de Caseros, se encontraba el de “poblar” la argentina con las “razas aptas para el desarrollo del capitalismo”. La consigna alberdiana de “gobernar es poblar” presupuso una “apertura inmigratoria” que vino a alterar y a modificar el substrato humano y cultural de estas tierras. Cuando me refiero al termino re- poblar, lo hago en el sentido que le progenie en el poder no aspiró a una integración simbiótica entre el paisano y el inmigrante, sino muy por el contrario, a un proceso de substitución basado en una dicotomía sobre la cual haré referencia en unos instantes.

La inmigración inducida desde el mismo estado que provino esencialmente de Europa (aunque también llegaron a estas tierras hombres y mujeres procedentes de otros lares) requería -en opinión de la elite que asumió el poder- la confección de un relato histórico funcional a su propio pasado. Entonces allí no cabían personajes como los caudillos, ya que ellos, representaban social, cultural y políticamente la estirpe y la tradición ibero –americana o indo ibero americana que quería dejarse de lado. Ni siquiera los estereotipos de nuestros criollos resultaban funcionales, por cuanto hubo que “retocar” hasta los retratos - entre ellos -los del mismísimo San Martín o los del mulato Bernardino Rivadavia (en realidad de apellido González ya que el apellido Rivadavia es una adaptación del de su abuela materna ).

No vamos analizar aquí el proyecto de la generación vencedora, ya que no constituye el objeto de esta conferencia. Pero quiero hacer hincapié que todo proyecto requiere, como enseña nuestro maestro Gustavo Cirigliano, de una población y de un relato histórico que obre como antecedente -y en este caso- la generación vencedora de Caseros, construyó o mas bien intentó construir uno haciendo tabla rasa con acontecimientos y protagonistas significativos y sustanciales de nuestra magnífica tradición iberoamericana.

La mayoría de ustedes recordará haber estudiado en la primaria o la secundaria a Domingo Faustino Sarmiento. Algunos quizás alcanzaron a leer su libro “Facundo o Civilización y Barbarie”. La dicotomía que plantea el sanjuanino en ese texto, representó, y esto ustedes lo entienden muy bien, una consigna eminentemente política. Había que justificar el repoblamiento de la Argentina en la composición esencialmente bárbara de nuestra comunidad de entonces - y en tanto - convertir en “bárbaro” al indio, al criollo, al caudillo, etc. para luego justificar su supresión física y cultural.

No había simbiosis posible entre el criollo y el inmigrante. La dicotomía así planteada fue entre el “indio, gaucho, poncho, instinto, interior, atraso” y “europeo, levita, razón, puerto, progreso”. A la vez, debía construirse un prototipo de el “hombre civilizado” que vendría a refundar (civilizar) estas tierras, “el europeo”.

Como ya les relaté en otra oportunidad, si bien la intención primigenia, o mas bien el ideal de esta generación fue el de poblar el país con las razas “aptas” del norte de Europa, las condiciones económicas y jurídicas que la oligarquía estableció para “fomentar” la inmigración, determino que llegaran al país continentes significativos de pobladores humildes especialmente del Sur de Europa. Ese fue el famoso aluvión inmigratorio tal vez uno de los antecedentes de de ese señorial “aluvión zoológico y sudoroso” que colmó esta ciudad el 17 de octubre de 1945 “mostrando su tosca desnudez original” como decía Scalabrini.

Sarmiento representó como pocos esa tradición, esa “estirpe” liberal, que estuvo plenamente influida por el racionalismo iluminista - corriente filosófica que importada a libro cerrado por ciertos intelectuales locales - contribuyó con la transfiguración - entre tantos otros- de Juan Manuel de Rosas y a Facundo Quiroga. Allí esta el “Facundo” como fiel testimonio de esta política y de esa dicotomía (civilización o barbarie) que fue incorporada los textos escolares y académicos -y además- que se constituyó con el tiempo en la base del relato histórico oficial.

Voy a darles dos ejemplos que representan la forma en que se ha obrado con Rosas. Una de la tantas fuentes que los historiadores liberales utilizaron para desvirtuar el accionar del restaurador fue el libelo titulado “Tablas de Sangre” de José Rivera Indarte, un converso que publicó su libro cobrando a destajo (por muerto denunciado) para menoscabar a nivel internacional la figura de Rosas. Dicho texto obro de fuente para estos historiadores. Hoy se sabe que con el afán de percibir una gran suma de dinero, Indarte “infló” considerablemente la cantidad de muertos.

Además puede hacerse mención a los argumentos del diputado Nicolás Albarellos para declarar a Rosas traidor a la Patria en 1857: “Si no decimos desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos”.
Como bien enseña Mario Pacho O´Donnell, quien vale reconocerlo viene realizando en estos últimos tiempos significativos aportes históricos vinculados a la vida y obra del Restaurador: “Los historiadores liberales repudiaron a Rosas en parte por plantear un proyecto de país distinto al que deseaban. Condenado al infierno de esa versión que se convertiría en “la oficial” pasó a ser –sin miramientos– el maldito de nuestra historia. Y nos enseñaron a odiarlo”. Pacho esta en estos momentos presentando la reedición de un libro sobre Rosas donde se interroga ¿quién es Juan Manuel de Rosas en el marco de la historia argentina y la formación del Estado? ¿Por qué se soslaya sistemáticamente su defensa de la soberanía nacional frente a Francia e Inglaterra? ¿Por qué San Martín le legó en su testamento el sable que lo acompañó en la lucha por la independencia americana? ¿Por qué los sectores populares lo amaron hasta la idolatría?.

El revisionismo histórico que como sostuvimos, vino traer justicia, emergió paradójicamente del propio “riñón” de quien mayores esfuerzos realizó para socavar la figura de Rosas: Don Bartolomé Mitre. Ustedes seguramente alguna vez hayan pasado o conozcan por referencia a una estación de tren denominada “Adolfo Saldías” del Ferrocarril General Belgrano. Es la primera estación saliendo de Retiro en la que rara vez sube ni baja nadie. Adolfo Saldías, discípulo casi dilecto de Mitre en su afán por continuar la obra de su mentor, viajó en una oportunidad a Inglaterra mas precisamente Southampton y consiguió que Manuelita, hija del Restaurador, le permitiera acceder a los archivos de su padre. Rosas hombre prolijo y ordenado como pocos, y tal vez el único estadista que llegó rico mas bien riquísimo a la función publica y termino viviendo en una pobreza casi extrema, guardó celosamente toda la documentación correspondiente a su gestión de gobierno.

Saldías de esta forma, casi sin proponérselo, terminó realizando descubrimientos y aportes trascendentes para la historiografía argentina -y entre ellos- reveló, documentadamente circunstancias y acontecimientos celosamente guardados por Bartolomé Mitre y los historiadores liberales. Así, de la mano de un liberal, comenzó el Revisionismo. Pobre Saldías, sin querer se metió en un berenjenal insospechado. Imagínense cuando le envió un primer ejemplar del texto “Historia de la Confederación” a Mitre; “pasó a mejor vida”, claro, simbólicamente hablando. Mitre le contesto indignadísimo en una carta que fue reproducida por el Diario La Nación (el periódico que, según Homero Manzí, Bartolomé Mitre fundó para resguardar sus espaldas ante la historia). No recuerdo bien, pero creo que fue en mes de octubre de 1887 que Mitre publicó en su Diario (refriéndose a Saldías): “Cree usted ser imparcial, no lo es, ni equitativo siquiera”. Por que para Mitre no se podía juzgar a Rosas y a su época con independencia de los “nobles odios” que todo buen liberal debe conservar siempre a la “tiranía”. Mitre entendía que “al dejar de execrar al tirano, se lo llegaba a comprender”.

Volvamos a Rosas; como a esta altura de las circunstancias resulta evidente que el tiempo asignado para esta conferencia me impide explayarme en forma mas acabada sobre la vida y la obra del Restaurador -y que además- ya lo hemos hecho en otras conferencias, voy a abordar a continuación algunos hitos de su vida -que anhelo- les resulten interesantes para luego concluir haciendo referencia a algunos de los nuevos desafíos del revisionismo.

Se sabe que Juan Manuel de Rosas nació el 30 de marzo de 1793 en el Solar que habitaba su abuelo materno - don Clemente López - situado en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucia. Gracias a un interesante trabajo realizado por Fermín Chávez para el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, el solar donde nació estaría ubicado en la actual calle Sarmiento entre San Martín y Florida. Como ven el hombre nació porteño de pura cepa.

Según autores como Pedro de Angelis Don Juan Manuel a la edad de 13 años, peleo a lado de Liniers durante la primera invasión inglesa, hecho que no fue negado por ninguno de sus contemporáneos. El mismo Rosas reconoció tal participación cuando en 1869, en carta a su amiga a Josefa Gómez, reconoce haber estado destinado a un cañón para conducir cartuchos. Autores como Ibarguren, y Gálvez ratifican la presencia de Rosas durante la confrontación.

Una de las críticas mas furibundas que se realizan hacia el Restaurador es la del supuesto oscurantismo que se vivió durante su época. No obstante ello las investigaciones revisionistas dan cuenta por ejemplo, que entre 1830 y 1852 se graduaron en la universidad 223 profesores en medicina, mientras que en el período 1853-1875, fueron solo 140.

En general desde el antirrrosismo se vincula al Restaurador con el mundo bárbaro de los Iletrados. Sin embargo, entre los libros inventariados después de la batalla de Caseros, figuran obras clásicas como las de Horacio, Virgilio y Quevedo. Además, de su correspondencia en el exilio y de los textos de su libreta personal, surge la lectura - entre otros - de autores como Cicerón, Tácito y Salustio. Por su parte el poeta Ventura de la Vega que visitó a Rosas en su exilio el 21 de Julio de 1853 sostuvo: “decían que solo tenía talento natural y que era poco culto, no es cierto. Es un hombre instruidísimo, y me lo probó con las citas que hacia en su conversación; conoce bien nuestra literatura, y sabe de memoria muchos de los clásicos de los poetas españoles”. Además de las “Instrucciones para los mayordomos de estancia” recuerden que Rosas escribió una gramática de la lengua Pampa”.

Como todos sabemos el Libertador General San Martín le legó su sable a Rosas, hecho que sin dudas para un militar de la época, implicaba designarlo como su sucesor: “Como prueba de la satisfacción que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la patria contra la injusta pretensión de los extranjeros que trataban de humillarla”. Aunque algunos historiadores antirrosistas pretenden atribuir ese legado al estado senil del Libertador, los revisionistas han acreditado fehacientemente que dicha actitud fue perfectamente consciente y deliberada.

Respecto a la cuestión constitucional, es decir a la negativa de Rosas a dictar una Constitución, bien cabe recordar aquí los razonabilísimos argumentos dados por Rosas en la Carta a Facundo Quiroga desde la Hacienda de Figueroa: “Nadie pues mas que Usted y yo puede estar mas persuadido de la necesidad de una Constitución Nacional, la organización de un gobierno federal y que es el único medio de darle ser y respetabilidad a nuestra República (…) Pero ¿quien para formar un todo ordenado y compacto no arregla y solicita, primeramente, para una forma regular y permanente, las partes que deben componerlo?".

Una de las cuestiones más interesantes de la vida de Rosas fue el de sus relaciones con los indios. Recordemos que durante su niñez el había estado muy vinculado con ellos. Mas allá del valioso rescate que significa la gramática de la lengua Pampa, les recomiendo un libro recientemente publicado por el profesor Sulé, actual Presidente del Instituto Rosas, titulado “Rosas y sus relaciones con los indios”. Allí se demuestra palmariamente que dentro en el proyecto de Rosas se encontraba una idea de “pacto e integración” de las culturas prehispánicas, totalmente antagónico al modelo que impuso la generación del 80 que fue el del exterminio (fundado en modelo norteamericano).

Cabe aquí citar algunas de las afirmaciones de Sulé.

“Hacia 1829 cuando Rosas llegó al poder, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires, la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur, dirigidas por el licenciado médico Justo García Valdés que desempeño con celo sus funciones hasta su fallecimiento en el año 1844, siendo reemplazado por el Dr. Saturnino Pineda(…)Durante su gobierno se incrementó el suministro de la vacuna, llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de la policía también se ocuparon de aplicarla(…) No sabemos con precisión a partir de que fecha se inició la inoculación de la vacuna entre los distintos grupos indígenas. Si sabemos por el diario "El Lucero" del 4 de enero de 1832 que Rosas recibió una distinción de la Sociedad Real Jenneriana de Londres, institución oficial que tuvo entre sus objetivos, la divulgación y propagación de la vacuna antivariólica, el cultivar la memoria del sabio médico Eduardo Jenner que detectó por primera vez el antídoto, como así también al distinguir quienes la promovían. Como lo consignamos en un capítulo anterior dicha institución científica puso en conocimiento del gobierno de la Confederación Argentina que su gobernador don Juan Manuel de Rosas había sido designado "miembro honorario" de esa sociedad: "...en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la causa de la humanidad, introduciendo en el mejor éxito de la vacuna entre los indígenas del país...". Si la información de esta distinción llegó al Río de la Plata en enero de 1832 es dable suponer que hacia 1831 o antes de la introducción de la vacuna en los medios indígenas ya era una práctica generalizada y un hecho conocido”.

No quiero olvidarme de mencionar por ultimo resaltar la magnitud de la Batalla de la Vuelta de Obligado. Aún recuerdo en mis épocas de alumno secundario la escasa importancia que se atribuía a esa gesta. Sin embargo, dicha batalla resulta una de las más importantes y significativas de la Época, ya que tuvimos que enfrentarnos a las dos grandes potencias de esos tiempos: Francia y Gran Bretaña, y obtuvimos una trascendente victoria. Aunque en realidad, debemos recordar que el triunfo definitivo fue posterior a dicha batalla.

Parece que el tiempo es tirano no solo en la televisión. Sin embargo, antes de concluir, quisiera reflexionar sobre alguno de los desafíos revisionistas.

Si bien el Revisionismo histórico ha logrado acreditar ante la historia la figura de Rosas, como vimos, su labor no culmino allí y se extendió hacia el rescate de otros protagonistas, acontecimientos y componentes esenciales de nuestro pasado que habían suido ocultados y desvirtuados por la historiografía de cuño liberal, entre ellos, la tradición hispánica, uno de los pilares esenciales de nuestra identidad nacional. De esta cuestión ya hemos hablado en alguna que otra conferencia, pero es necesario resaltar que dicha tradición es “uno” de los componentes de nuestra cultura.

Y señalo expresamente eso por que aún en ciertos cenáculos se practica un tipo de revisionismo de cuño tradicionalista que anhela la “restauración” de lo que fue. Ya Jauretche en su época había criticado esta postura ya que nuestra nación, mestiza como el resto de las iberoamericanas, resulta un fenómeno dinámico que emerge permanentemente. Iberoamerica implica algo más que la simple herencia hispánica. Esto ya lo analizamos en aquel encuentro donde estudiamos a Vasconcelos y Raúl Scalabrini Ortiz y su idea de nación multigena ¿se acuerdan?

En ese sentido debemos ser plenamente concientes que si bien el revisionismo ha triunfado, ya que su labor ha determinado que cada año que transcurre las nuevas generaciones van cambiado de posición respecto a Rosas y los Caudillos, y además, que tarde y temprano su protagonismo se consolidará en los ámbitos educativos guste o no guste - en los albores de este siglo - un nuevo desafío revisionista se nos presenta: el de la incorporación al relato histórico de los Argentinos de los componentes sociológicos, políticos, históricos y culturales de nuestra herencia prehispánica.

Recordemos ahora esta premisa de nuestro maestro Gustavo Cirigliano: “toda la historia es nuestra historia” aunque a veces queramos quedarnos un una sola parte de ella”, Somos el conquistador y el indio, el godo y el patriota, la pampa privilegiada y el interior relegado, el inmigrante esperanzado y el gaucho condenado. Somos los dos, no uno de ellos solamente. Si nos quedamos con uno de los dos, siempre llevaremos a cuestas un cabo suelto sin anudar, siempre cargaremos un asunto inconcluso que no lograremos cerrar, siempre habrá un pedazo de nosotros que no lograremos integrar. Y todo aquello que uno no contacta ni incorpora y, por tanto, no cierra, eso no desaparece, continúa llamando, sigue siendo un mensaje en espera de ser recibido, reclamando, ser escuchado”. Es en el sentido descripto que tenemos que orientar la recuperación de nuestras culturas prehispánicas milenarias, es decir con aspiraciones de integración.

Ustedes han sido partícipes y vanguardia de este proceso. Si bien el libro “Proyecto Umbral” en manera alguna constituye un texto encuadrado en el revisionismo histórico, desde allí planteamos a modo de provocación un marco para la resignificación de nuestra historia integral a través del principio “contactar e integrar, advirtiendo sobre los nuevos desafíos que presupone la extensión de nuestro relato histórico hacia los recovecos milenarios de indo-américa.

Nuevos estudios están demostrando que una considerable porción de la población argentina (mas del 35 por ciento) desciende directamente o indirectamente de los primeros pobladores. Muchos argentinos inclusive ignoran ese dato. En el Umbral hemos publicado –ex profeso- un trabajo de Francisco Carnesse, Titular del Departamento de Antropología Genética de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires cuyos resultados son altamente significativos. Además, recientes migraciones (como aquellas de fines del siglo XIX y principios del XX), han incorporado definitivamente a nuestra comunidad nacional considerables continentes poblacionales de países hermanos cuyos hijos y nietos seguramente echarán raíces aquí.

Esta realidad obligara al revisionismo a extender sus redes y a profundizar sus investigaciones, siguiendo - entre otros - al mismísimo Rosas, quien en su carácter de gran estadista, siguiendo principios humanistas, y a través de políticas concretas como las que se enunciaron, obró conciente de la importancia que en el futuro americano cobrarían las culturas milenarias.

Terminemos de una vez por todas con esa Zoncera que sostiene que los Argentinos “solo vinimos de los barcos” esta afirmación es totalmente incorrecta. Pero si aún se insiste con esa sandez, incluyamos también “los otros barcos” es decir aquellas precarias embarcaciones con las cuales hace miles de años algunos nuestros antepasados cruzaron el estrecho de Bering, y ahhh ¡¡¡!!! las canoas Guaraníes también como bien dice el compañero que seguro debe ser misionero no? .

Como sostuvimos alguna vez: “La magna tarea emprendida durante el siglo pasado por el revisionismo histórico se encuentra hoy inconclusa, y el desafío de las nuevas camadas de revisionistas es el de incorporar definitivamente en nuestro relato histórico aquellos sucesos y protagonistas que han sido arbitrariamente desconocidos y suprimidos por la historiografía oficial. En tal sentido la figura de Juan Manuel de Rosas emerge del pasado hoy, no como aquel exponente de un cesarismo vernáculo, sino como el emergente de un mayoritario sustrato plenamente argentino que - en ciertos períodos- ha logrado imponerse el poder”.

Esperemos que Don Juan Manuel nos ilumine en este nuevo desafío para de esta forma construir un futuro sustentado en una tradición y una historia que, como señalamos en alguna oportunidad, debe ser objeto de orgullo, como aquel que aflora de la dignidad de Vuelta de Obligado.

Muchas gracias a todos.


Fuente:

PESTANHA, Francisco José, “Juan Manuel de Rosas y los nuevos desafíos del revisionismo”. Conferencia pronunciada por el Dr. Francisco José Pestanha en el marco del Programa de Capacitación para delegados del SUTERYH – Agosto 2009.

JUAN MANUEL DE ROSAS Y LA DEFENSA DE LA SOBERANIA


Soldados de infantería federal, 1840 (Dibujo de Roux,arriba). General Lucio Norberto Mansilla (abajo). Por Alberto Gelly Cantilo

En 1838 Francia impone el bloqueo a la Confederación Argentina manifestando su intención de “infligir a la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar que será una lección saludable a todos los demás Estados Americanos”.
Es el momento de su expansión imperialista que se había iniciado años antes con la conquista de Argelia, la intervención en Tahití y en Egipto y se había extendido al nuevo mundo con el bloqueo del puerto de Veracruz y la destrucción del fuerte de San Juan de Ulúa en Méjico y las presiones sobre Chile, Ecuador y Venezuela.
Los resultados del bloqueo eran tremendamente ruinosos y se hicieron sentir fuertemente. Perjudicaban a nuestros pueblos que no podían embarcar sus cueros, crines y carnes; los saladeros y fábricas de aceite debieron cerrar o disminuir su trabajo; faltó la leña que venía por los ríos o en buques; faltaban productos y alimentos europeos.
Sin embargo en nuestra patria aparece la palabra “soberanía”. Pese a las penurias el pueblo comprende este concepto nuevo. Una patria que no se hiciese respetar no era una patria. La patria eran ellos, sus hijos, algo concreto que todos comprendían y sentían.
Indignado por la conducta de los franceses, San Martín desde Grand Bourg, escribe a Rosas por primera vez. Después de explicarle las persecuciones sufridas que le obligaron a exilarse en 1824 y su deseo de no mezclarse en la guerra civil en 1829 que le hiciera volver a Europa sin desembarcar, señala: "He visto en los papeles públicos de ésta el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país. Ignoro los resultados de esta medida. Si son los de la guerra yo sé lo que mi deber me impone como americano... si usted me cree de alguna utilidad espero sus órdenes. Tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a mi patria honradamente en cualquier clase que se me destine".
En 1839 el Libertador escribe a Rosas: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria a una condición peor que la que sufrimos en tiempo de la dominación española. Una tal felonía, ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.
Los franceses se apoderan de la isla Martín García defendida por una pequeña guarnición de 110 hombres mandada por el Teniente Coronel Jerónimo Costa, apoyada en una batería de 4 cañones a cargo del mayor Juan Bautista Thorne.
Amparados por el fuego de los 40 cañones de su escuadra, desembarcan 450 soldados enemigos que vencieron la enérgica resistencia argentina. Costa entregó su espada al jefe francés quién se la devolvió por su heroísmo ya que habían muerto la mitad de sus soldados y él mismo había sido herido. En tanto, con el transcurso de los meses, el bloqueo era burlado mediante las balleneras, pequeños botes a vela, rápidos y de escaso calado que se deslizaban por los bancos del río y evitaban las fragatas y las corbetas de la poderosa escuadra del Almirante Leblanc, ancladas en los canales. Su capacidad de carga era escasa, pero la suplían ampliamente con su gran número. Se encontraban en Punta Indio, en la desembocadura del Salado y en el Tuyú. El 9 de Mayo de 1839 es atacada Atalaya cerca de Magdalena donde desembarcan 500 marineros franceses que entran en combate con la pequeña guarnición a cargo del Mayor Miguel Valle, destruyendo las mercaderías, incendiando los depósitos y embarcaciones.
Finalmente los sitiadores viendo la inutilidad de sus esfuerzos - al no poder doblegar a nuestro pueblo - deben firmar el Tratado Arana-Mackau el 29 de Octubre de 1840 que pone fin a las hostilidades y la escuadra francesa saluda a la bandera argentina con 21 cañonazos, poniendo fin al bloqueo que había durado 30 meses. Sin embargo entusiasmadas por el éxito de uso de la fuerza en Asia y por la guerra contra China de 1840 a 1842, se intenta una nueva agresión, esta vez anglo-francesa con las escuadras más modernas y mejor armadas del momento.
Se produce la Guerra del Paraná donde el 20 de Noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado el río fue cruzado con gruesas cadenas y defendido por baterías al mando de Eduardo Brown, el hijo del almirante y por Thorne, junto con el Regimiento Patricios y las milicias de Facundo Quiroga, el hijo del Tigre de los Llanos. Se lucha desde bien temprano y a las tres de la tarde apenas quedaban municiones. Thorne a las cinco de la tarde hace su último disparo siendo volteado por una granada enemiga.
"No ha sido nada" dice al levantarse, pero ha quedado sordo para siempre. Cerca de las seis desembarcan los infantes de marina franceses que son repelidos por los defensores con armas blancas. Su jefe el General Lucio Norberto Mansilla al frente del Regimiento de Patricios, de las milicias de San Nicolás y del batallón del Norte carga a bayoneta consiguiendo arrollar a los ingleses corriéndolos hasta sus botes, pero es herido por un casco de metralla.
Se sigue combatiendo hasta las ocho de la noche y finalmente son rechazados debiendo volver a sus buques.
El campo estaba sembrado de cadáveres y heridos graves. Los cañones estaban destruidos e inservibles. La bandera de guerra no cayó en su poder porque quedó destruida por el fuego, pero tuvimos 250 muertos y 400 heridos.
Los anglofranceses debieron quedarse en Obligado 40 días para reparar sus buques. Jamás habían supuesto una resistencia.
Las dos escuadras más poderosas del mundo no pudieron desembarcar en ningún punto de la costa argentina sin recibir un fuerte escarmiento.
La navegación de los ríos interiores era para los invasores un riesgo permanente, pues desde las costas recibían metralla desde los puntos más inesperados.
Al cruzar frente a Obligado con sólo la mitad de los buques fueron nuevamente atacados por Thorne con pequeños cañones llevados a cincha de caballo y debieron desembarcar 300 infantes de marina para atacar a esa artillería volante y a los 50 lanceros de caballería que la protegían.
Mansilla ya restablecido los ataca desde las barrancas de Tonelero a la altura de Ramallo y Acevedo a la altura de San Nicolás.
Al pasar por San Lorenzo ocho cañones ocultos en la maleza causan grandes daños a la escuadra en un feroz ataque que duró cuatro horas. En su parte Mansilla se muestra orgulloso de haber combatido en el mismo paraje regado por la sangre de los granaderos de San Martín.
La intervención anglofrancesa fue un fracaso y al regresar fueron repetidamente atacados en el Quebracho, situado a una legua al norte de San Lorenzo donde la barranca es alta y el río se angosta. El 4 de junio Mansilla con tres baterías con 17 cañones al grito de “¡Viva la soberana independencia nacional!”, atacó a la escuadra desde las 11 de la mañana hasta las dos de la tarde con un fuego intenso que les causó más muertos que en Obligado. Los argentinos apenas tuvieron un muerto y cuatro heridos, entre ellos nuevamente el bravo Thorne.
Finalmente el Tratado Arana-Southern desde 24 de Noviembre de 1849 pone fin a la intervención extranjera.
José de San Martín en la cláusula tercera de su testamento estableció: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la república frente a las injustas pretensiones extranjeras que trataban de humillarla".
Recordar los fuertes lazos que el amor a la patria y la defensa de nuestro territorio unieran a San Martín y Rosas a partir de 1838 y años subsiguientes implica un compromiso ciudadano.
Por ello cuando el Doctor Adolfo P. Carranza funda el Museo Histórico Nacional le solicita a Manuelita Rosas la donación del sable corvo que acompañara al Libertador de América y que su padre Don Juan Manuel conservara hasta su muerte en el cofre original en cuya tapa había una chapa de bronce en la que estaba escrita la citada cláusula 38 como el reconocimiento del más grande de los argentinos.
Manuelita y su esposo Máximo Terrero deciden acceder al pedido y donar el sable al pueblo argentino, para lo cual encomiendan a Juan Manuel Ortiz de Rozas, el nieto del Restaurador, que lo traiga y lo entregue al Presidente de la República Argentina, el Doctor José Evaristo Uriburu. Ese símbolo de gloria, de soberanía y de libertad pertenece hoy a todos los argentinos y se encuentra dignamente custodiado en este Regimiento de Granaderos a Caballo que fundara el General San Martín.
El sable, la espada, es símbolo de los valores esenciales de la vida militar, del pasado heroico y de lo que debemos ser.
Representa un estilo de vida digno y austero propio de hombres viriles y auténticos. Nos recuerda a nuestros próceres luchando contra las invasiones inglesas en la Reconquista y la Defensa de 1806 y 1807, a los guerreros de la independencia, a los soldados de los ejércitos libertadores, a los gauchos, a los combatientes de Malvinas, a todos los que luchan por la dignidad.
El Ejército Argentino orgulloso de nuestro pasado histórico ha impuesto el 26 de Noviembre de 2007 el nombre de Juan Manuel de Rosas a la Brigada Mecanizada XI de Río Gallegos, de Gerónimo Costa al Regimiento de Infantería Mecanizado 24 y de Juan Bautista Thorne al Grupo de Artillería Blindada 11 de dicha brigada.
Se trata del reconocimiento a los protagonistas de una lucha honrosa que expresaron un rostro de la patria que merece respeto y consideración. Fueron hombres de su tiempo con todas las virtudes de esa época valiente.
He tenido el alto honor y el gran privilegio de integrar la comitiva que acompañó al Señor Jefe del Estado Mayor General del Ejército a esas lejanas tierras de nuestra Patagonia donde se realizaron las ceremonias de imposición de nombre histórico y cambio de la Bandera Nacional de Guerra, así como a la colocación de la piedra fundamental de los nuevos cuarteles en la Guarnición de Ejército Piedrabuena y a la formación por el 25 aniversario de la Gesta de Malvinas.
Con profunda emoción fui testigo presencial y directo de una de las páginas más trascendentales de nuestra historia puesto que se rindió un solemne reconocimiento a aquellos próceres que tantos servicios habían prestado a la patria.

Fuente:

GELLY CANTILO, Alberto, “Juan Manuel de Rosas y la defensa de la soberanía”. Conferencia pronunciada el 2 de abril de 2008 en el Regimiento de Granaderos a Caballo.

sábado 22 de agosto de 2009

PACTO DEL PILAR (23 DE FEBRERO DE 1820)

Manuel de Sarratea (arriba) y Francisco Ramírez (abajo)

Por el capitán O. Pizzutti


La mañana del 22 de febrero de 1820 están Manuel de Sarratea y Pedro Capdevila –miembro conspicuo de la logia directorial- en el campamento federal; el 23 estaba deliberado y firmado el tratado de la Capilla del Pilar. No era un convenio bilateral entre Buenos Aires, representada por Sarratea, y los Pueblos Libres por Francisco Ramírez, lugarteniente de José de Artigas, como hubiera sido lo esperado. Era un acuerdo tripartito entre “las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe”, donde no se menciona la Liga Federal, ni a Artigas como Protector. El texto fue el siguiente:




Art.1°
Protestan las partes contratantes, que el voto de la Nación, y muy particularmente, el de las Provincias de su mando, respecto al sistema de gobierno que debe regirlas, se han pronunciado en favor de la federación, que de hecho admiten. Pero, que debiendo declararse por Diputados nombrados por la libre elección de los Pueblos, se someten a sus deliberaciones. A este fin, elegido que sea por cada Provincia, popularmente, su respectivo representante, deberán los tres reunirse en el Convento de Sn. Lorenzo, de la Provincia de Santa Fe, a los sesenta días contados desde la ratificación de esta convención: Y como están persuadidos que todas las Provincias de la Nación, aspiran a la organización de un gobierno central, se comprometen cada uno de por sí de dichas partes contratantes, a invitarías y suplicarles concurran con sus respectivos Diputados para que acuerden cuanto pudieran convenirles y convenga al bien general.
Art.2°
Allanados, como han sido todos los obstáculos que entorpecían la amistad y buena armonía, entre la Provincia de Buenos Ayres, Entre Ríos y Santa Fe, en una guerra cruel y sangrienta, por la ambición y criminalidad de los malos hombres que habían usurpado el mando de la Nación, o, burlado las instrucciones de los Pueblos que representaban en Congreso, cesarán las hostilidades desde hoy, retirándose las divisiones beligerantes de Santa Fe y Entre Ríos, a sus respectivas Provincias.
Art.3°
Los Gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos, por sí, y a nombre de sus Provincias, recuerdan a la heroica Provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la Nación, el estado difícil y peligroso, a que se ven reducidos aquellos Pueblos hermanos, por la invasión con que los amenaza una Potencia extranjera, que con respetables fuerzas, oprime la Provincia aliada de la Banda Oriental. Dejan á la reflección de unos ciudadanos tan interesados en la independencia y felicidad nacional el calcular los sacrificios que costará á los de aquellas Provincias atacadas el resistir un Ejército imponente, careciendo de recursos, y aguardan de su generosidad y patriotismo auxilios proporcionados á lo arduo de la empresa, ciertos de alcanzar pronto cuanto quepa en la esfera de lo posible.
Art.4°
En los ríos de Uruguay y Paraná navegarán únicamente los Buques de las Provincias amigas, cuyas costas sean bañadas por dichos Ríos.
El Comercio continuará en los términos que hasta aquí reservándose á la decisión de los Diputados en congreso cualesquiera reforma que sobre el particular solicitaren las partes contratantes.
Art.5°
Podrán volver a sus respectivas Provincias aquellos Individuos que por diferencia de opiniones políticas hayan pasado a la de Buenos Ayres, ó de esta á aquellas, aun cuando hubieren tomado armas, y peleado en contra de sus compatriotas: serán repuestos al goze de sus propiedades en el estado que se encontraren, y se echará un velo á todo lo pasado.
Art.6°
El deslinde de territorio entre las Provincias se remitirá, en caso de dudas, a la resolución del Congreso General de Diputados.
Art.7°
La deposición de la antecedente administración ha sido la obra de la voluntad general por la repetición de crímenes con que comprometía la libertad de la Nación con otros excesos de una magnitud enorme. Ella debe responder en juicio público ante el Tribunal que al efecto se nombre: esta medida es muy particularmente del interés de los jefes del Ejército Federal que quieren justificarse de los motivos poderosos que les impelieron á declarar la guerra contra Buenos Ayres en Noviembre del año próximo pasado, y conseguir la libertad de esta Provincia la de las demás unidas.
Art.8°
Será libre el comercio de Armas y municiones de guerra de todas clases en las Provincias federadas.
Art.9°
Los Prisioneros de guerra de una y otra parte serán puestos en libertad después de ratificada esta convención para que se restituyen á sus respectivos Ejércitos o Provincias.
Art.10°
Aunque las partes contratantes están convencidas de que todos los artículos arriba expresados son conformes con los sentimientos y deseos del Exmo. Ser. Cap. gral. de la Banda Oriental Dn. José Artigas, según lo ha expuesto el Sor. Gov.or de Entre-Ríos, que dice hallarse con instrucciones privadas de dicho Sor Exmo. para este caso no teniendo suficientes poderes en forma, se ha acordado remitirle copia de esta acta, para que siendo de su agrado entable desde luego las relaciones q.e puedan convenir á los intereses de la Provincia de su mando, cuya incorporación á las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento.
Art.11°
A las cuarenta y ocho horas de ratificadas estos tratados por la Junta de Electores dará principio á su retirada el Ejército federal hasta pasar el Arroyo del Medio.
Art.12°
En el término de dos días, o antes si fuere posible será ratificada esta convención por la muy Honorable Junta de Representantes.

Fuente:

RAVIGNANI, Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1939, t. VI, 2° parte.
ROSA, José María, Historia Argentina, Oriente, Buenos Aires, 1976, t. III.

RAMON DOLL

Agasajo con la participación de Ramón Doll, Juan Bautista Molina, Jorge Perrone y Juan Queraltó (1943).


Ramón Doll.


Por Pablo Vázquez



“La historia de la inteligencia argentina es una historia de deserciones, de evasiones. Jamás en país alguno, las clases cultas y la inteligencia, viven y han vivido en un divorcio igual con la sensibilidad popular, es decir, con su propia sensibilidad” (Ramón Doll).

Figura olvidada y despreciada por igual por la superestructura cultural que día a día señala a sus figuras de cuño liberal y/o progresista, Ramón Doll ostentaba una sagacidad literaria y agudeza política para señalar nuestra dominación.
A modo de ejemplo bastó que lo cite en una jornada de historia para observar los reproches ante don Ramón. Recuerdo cuando en el taller de pensamiento nacional en estos años lo expuse, previamente tuve mensajes de desconcierto o de repudio por el citado personaje.
A modo de reseña biográfica comento que nació en La Plata el 12 de septiembre de 1896. Abogado de profesión. Ensayista, polemista, periodista y crítico literario por vocación. Se desarrolló políticamente en el socialismo – ver “El caso Radowitzky” de 1929 – y el anarquismo libertario.
En 1927, cuando se dividió el Partido Socialista, se fue con los “socialistas independientes” de Antonio De Tomaso y Federico Pinedo, pero luego advirtió que el P.S.I viraba hacia la derecha por lo que retornó al viejo PS de Repetto.
Como muchos jóvenes pensadores de los años '30 formados en la izquierda, evoluciona y – como lo hizo Ernesto Palacios - se incorporó al nacionalismo en 1936
Su estilo se emparentó con Ignacio B. Anzoátegui o Arturo Jauretche. En 1937 apoyó intelectualmente a la Alianza de la Juventud Nacionalista, que en 1941 cambiará su nombre por el de Alianza Libertadora Nacionalista.
Fue miembro fundador del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Tras la Revolución del 4 de junio de 1943 ocupa algunos cargos administrativos en la órbita estatal.
Al tiempo publica sus comentarios a obras y textos durante el período peronista.
En 1958 el semanario Azul y Blanco envió un reportero que recogió esta apreciación de Doll refugiado en el ostracismo: “Pido disculpas, pero hay gente que estamos abatidos del todo y para los cuales, ya hoy es demasiado tarde”.
En otra oportunidad la revista Confirmado describió a un Doll aquejado por el mal de Parkinson que tras un portazo desdeña la invitación a conversar expresando: “¡Aquí no vive ningún Ramón Doll!”.
Amparado en la mística de misa diaria, un periodista de dicha publicación sostuvo: “Ahora es él quien espera, solo, sin amigos el último acto de su vida contradictoria, agitada por los mismos fantasmas que perturbaron a Unamuno...Ramón Doll es definitivamente un personaje del pasado”.
Socialista o fascista, mitrista o revisionista histórico, ateo o católico, libertario o totalitario, humanista o antisemita…contradicciones de aquel que se atrevió a desafiar etiquetas y repensarse en sus contradicciones de clase y origen. Crítico mordaz, agudo observador de nuestra intelectualidad, honesto con su sentir e implacable con la hipocresía servil de los medios.
Basta esta frase para tener idea de su ingenio y agudeza mordaz: “Cuando yo llegué a la vida literaria en 1927 - me encontré con que la crítica asumía, ante ciertos desbordes y desorbitaciones de la nueva generación, una extraña actitud, temerosa de opinar, no fuera el diablo que ciertos poemas y cuentos que nadie comprendía fueran obras geniales. Cuando Jacobo Fischman escribía, “Ángeles de la Muerte” había algunos críticos que se quedaban todos duros, temblones, apampados, como paisano que entra a una escribanía, temiendo que a lo mejor Fischman fuera Rimbaud y apenas se atrevían a decir: “es un santo que reza”. Yo llegué en ese momento y con aire campechano les dije: ¡Qué va a ser Rimbaud, no ven que es un loco lindo! Y la verdad estas cosas son las que no se les perdonan a un crítico”.
No formó parte de logias, ni grupos que lo amparasen como a otros, sus críticas le valieron enemigos poderosos y pocas solidaridades para que “le hagan el aguante”, como se dice en estos tiempos.
Seguramente habrá sido un tipo complejo, pero queda como legado su empuje, su análisis agudo, su mordacidad, el desnudar tabúes, el ser consecuente con un pensamiento en búsqueda constante sin importar las modas o la imposición cultural de los grupos dominantes. Quizás, como colofón, la mejor definición sobre Ramón Doll provenga de él mismo y su visión sobre sus congéneres de época: “Nuestra generación es la primera en la historia argentina que ha hecho un esfuerzo americano y nacionalista por definirse y encontrarse. Esa es su vocación”


Fuente:

VAZQUEZ, Pablo, “Ramón Doll: ¡Maldito entre los malditos!”, en http://www.peronvencelatiempo.com.ar/

martes 11 de agosto de 2009

ARTURO SAMPAY


Arturo Sampay (arriba). Alberto González Arzac (abajo).

Por Alberto González Arzac
En “La crisis del Estado de Derecho liberal burgués” Sampay propicia que la persona no sea absorbida por los entes estatales o corporativos a contrario sensu de las tendencias europeas en el marco del fascismo en general. El disertante señala que los movimientos nacionales europeos provenientes del socialismo se fueron apartando de tal corriente pero siempre procuraron el fortalecimiento del Estado más que la persona. Perón leyó esta obra y fué influido en su concepción justicialista.

En “La filosofía del iluminismo en la Constitución Argentina de 1853” ya advierte que el liberalismo ha ido modificando sus lineamientos originarios y, en tal sentido, introduce el sufragio universal, leyes sociales, instituciones económicas (vgr. Juntas de Carnes y de Granos, C.A.P., etc.).

Perón y Sampay se conocieron en el departamento de la calle Posadas donde vivía con Evita generando un mutuo aprecio y reconocimiento. En esta ocasión el Dr. González Arzac recordó la frase de Gilbert K. Chesterton quien decía que “…cuando viene la revolución los últimos en “desaprender” son los intelectuales…”.

Con el advenimiento de la Revolución del 4 de junio y el ascenso de Perón a la Presidencia, Arturo J. Sampay es designado Fiscal de Estado de la Provincia de Buenos Aires donde a partir de 1946 promueve las demandas contra los grupos Bemberg y CADE generándose el odio de toda la oligarquía y mala palabra para el resto de su vida.

Luego interviene en la provincialización total del Banco de la Provincia de Buenos Aires al igual que como redactor del proyecto de modificación a la Constitución Nacional, electo constituyente por la Provincia de Buenos Aires, disertante en la Convención y participante en diversas comisiones.

El conferencista expresó que lo que se pretendía con la reforma constitucional era convertir esa democracia de círculo en una democracia de masas y para ello estableció la elección directa de presidente y vice como así también de senadores y diputados, a fin de evitar el contubernio habido en los colegios electorales o en las legislaturas provinciales (pues esas elegían los senadores nacionales).

Dicho en otras palabras, se eliminaron los “intermediarios partidocráticos”.

Esto implicó la superación de los “colegios electorales” y se eliminó la “no-reelección” (la cual frustró oportunamente un segundo mandato a Hipólito Yrigoyen).

Pero, amén de ello la reforma constitucional implicó una serie de reformas en diversas áreas:

- Económica: implantando como principio el de la justicia social y la función social de la propiedad (en lo que hace al trabajo, campo, empresas, Estado)

- Social: con la instauración de los derechos del trabajador, ancianidad, familia, mujer, etc. superando la concepción individualista del liberalismo, el cual había consagrado al individuo desgajado de las sociedades a las cuales pertenece naturalmente (familia, sindicato, localidad, etc.) relegándolo como persona.

- Cultural: imponiendo las 3 banderas del justicialismo como lo fueron la soberanía política, la independencia económica y la justicia social y la difusión de la cultura nacional (entendido como lo propiamente americano y no importado sin transvasamiento alguno).

Recordemos la creación de la marcha “Aurora” sobre la música de una ópera del maestro H. Panizza y que con letra de H. C. Quesada y L. Illica fue cantada en todos los colegios del país al izarse y arriarse la bandera nacional.

- Art. 40 de la Constitución Nacional: el mismo consagró los derechos del Estado y la comunidad nacional a usufructuar los recursos naturales cuestión que afectó profundamente los intereses foráneos no sólo actuales sino futuros y que concitara tanta polémica, no obstante lo cual el presidente del bloque radical opositor Moisés Lebensohn apoyó la redacción.

Entonces y luego se polemizó respecto a si este artículo generó controversias entre Perón y Mercante-Sampay lo que el disertante estimó que no. Sabe que Perón recibió reclamaciones de embajadores de las potencias extranjeras y que el presidente lo comunicó personalmente a ambos pero sin que se generara conflicto alguno.

El bloque opositor radical con su vocero Moisés Lebensohn y el único conservador se retiraron de la Convención cuando se discutió el punto de la “no reelección” del presidente, no obstante lo cual los diputados y senadores opositores juraron por el texto de la Constitución Nacional reformada en las respectivas Cámaras encontrándose entre ellos Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, etc.

Dicha Constitución fue derogada por un bando militar suscripto en 1956 por parte de Pedro E. Aramburu e Isaac Rojas y sus ministros, lo que implicó la instauración del “Estatuto del Coloniaje” máxime cuando pocos días después dichas autoridades adhirieron al Fondo Monetario Internacional, verdadera carta de la República Argentina a partir de entonces. Paralelamente se dictaba el decreto 4161/56 por el cual se reprimía duramente a los peronistas en su libertad, en sus derechos cívicos y su patrimonio con prisión, pérdida de derechos políticos y civiles e incautación de bienes.

Hacia 1952 Sampay llevó a cabo un viaje a Europa haciendo conocer el nuevo texto constitucional el cual hizo llegar a universidades, foros, gobiernos y, entre otros políticos, a Amintore Fanfani en Italia y a Charles de Gaulle en Francia.

Por entonces, en la provincia de Buenos Aires se llevó a cabo una puja por parte del mayor Carlos Aloé para ocupar la gobernación y consagrado este, comenzó una persecución de quienes acompañaron a Mercante en su gestión lo que implicó a Jauretche y a Sampay, entre otros.

Por recomendación del Cardenal y Arzobispo Primado de Buenos Aires Cardenal Santiago Luis Copello, Sampay fue llevado a un convento y con la documentación (vieja cédula de identidad de la Policía Federal) de un sacerdote fallecido trasladado al exterior radicándose en Paraguay y luego en Bolivia y, finalmente, en Uruguay hacia 1958 en coincidencia con las elecciones que ganó su amigo Luis Alberto de Herrera en la República Oriental del Uruguay, luego de más de 50 años que no gobernaba el Partido Blanco.

No olvidemos, que Sampay había conocido en Buenos Aires a los exiliados Víctor Paz Estensoro (Bolivia), José María Velasco Ibarra (Ecuador) y Luis Alberto de Herrera (Uruguay), fundamentalmente a partir de las mesas del “Café Tortoni” presididas por Alberto Contreras, quienes luego asumirían las presidencias de sus respectivas naciones.

Cuando asumió Frondizi como presidente de la Nación el 1º de mayo de 1958 en función del pacto Perón-Frondizi donde intervino Rogelio Frigerio y Enrique Oliva en el mecanografiado del mismo, se permitió el regreso de los exiliados en el exterior. Entre ellos se contó a Arturo J. Sampay.

Pero a Sampay no le fueron reconocidas sus cátedras ni cargos, e incluso Frondizi sólo lo recibió en secreto, máxime cuando el ideario de aquel estaba en contra de la política de privatización del subsuelo nacional, en contra de lo proclamado durante toda su campaña al frente de la Unión Cívica Radical Intransigente y lo prometido largamente.

Tanto es así que el Colegio de Abogados de la Plata no le permitió participar de una conferencia o mesa redonda a pesar de la invitación cursada por uno de sus directivos, dedicándose a vivir de los asesoramientos jurídicos, en especial de una empresa uruguaya.

Sampay “vivía un exilio interior en su propia patria” como a tantos le aconteció luego de la caída del General Perón y su gobierno en 1955.

A partir de 1960 llevó a cabo viajes a Montevideo y Santiago de Chile para asesorar en materia de derecho constitucional en razón de los procesos de dictado de nuevas cartas fundamentales en los países hermanos. En Chile fue recibido tanto por Frei como por Allende en 1967 y 1971 respectivamente, especialmente en lo que hace a la inteligencia del art.40 de la Constitución justicialista.

En el orden internacional cuando de Gaulle asumió el poder en Francia y decidió reformar su sistema constitucional llamó a sus asesores y les hizo entrega de la Constitución justicialista que oportunamente le regalara Sampay, diciéndoles que la tuvieran en cuenta a los efectos de pergeñar un sistema presidencialista.

También se advirtió su influencia en la reforma constitucional prohijada por Chávez en Venezuela hacia 1999 como en la ley de hidrocarburos del año2006 por parte de Evo Morales, por obra de Andrés Solís Rada su ministro de Energía hasta su renuncia por discrepancias con el presidente boliviano.

Durante muchos años la obra de Arturo J. Sampay mereció el respeto y consideración en el exterior, estudiándose en universidades europeas, latinoamericanas, etc. pero recién ahora ha comenzado a ser tenida en cuenta en el ámbito universitario argentino.
El jurista Sampay falleció el 14 de febrero de 1977 en la ciudad de Buenos Aires.

Fuente:

GONZALEZ ARZAC, Alberto, Conferencia pronunciada por en la sede del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas el jueves 5 de julio de 2007.

SANTIAGO DE LINIERS: EL MÁRTIR DE LA LEALTAD

Santiago de Liniers y Bremond (izquierda). Fusilamiento de Liniers (derecha).
Por Bernardo Lozier Almazán

Era las dos y media de la tarde de aquel funesto 26 de agosto de 1810, cuando en el Monte de los Papagayos los condenados: don Santiago de Liniers, el brigadier Juan Gutiérrez de la Concha, el coronel Santiago Alejo de Allende, el doctor Victorino Rodríguez y el tesorero de la Real Hacienda, Joaquín Moreno, fueron formados ante el pelotón de fusilamiento. Liniers fue el único que rechazó la venda sobre sus ojos, enfrentando la adversidad como siempre lo había hecho. Fue el teniente coronel Juan Ramón Balcarce quien levantó la espada para que los fusiles apuntaran a sus víctimas; la espada bajó y una cerrada carga atronó el espacio. Liniers cayó aún con vida, le tocó a Domingo French ultimarlo de dos pistoletazos en la sien.

De esta manera el gobierno revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810 inmoló sus primeras cinco víctimas para afirmar el movimiento emancipador que, oculto bajo el engañoso manto de Fernando VII y nutrido en las ideas jacobinas, se había gestado en estos dominios rioplatenses de la corona española.

Una de aquellas víctimas –como acabamos de mencionar- fue el francés Santiago de Liniers, nacido en la ville de Niort, en la antigua provincia del Poitou, el día de su santo, el 25 de julio de 1753, fruto del matrimonio de Santiago José Luis de Liniers, Caballero, Señor feudal de Cran-Chaban de la Poussardiere, de Grand-Breuil y la Valleé, y Enriqueta Teresa de Bremond. (1) Su trayectoria militar la había iniciado como subteniente de caballería en el regimiento de Royal-Piémont, alférez, ayudante de campo del príncipe de Rohan, hasta que la unión de las dos Casas de Borbón, la de Luis XV y la de Carlos III, llamada Pacto de familia, permitía que los franceses pudieran intervenir en pie de igualdad de derechos y obligaciones con los españoles en las empresas militares de aquellos tiempos. Fue por ello que a partir de 1775, contando tan solo 22 años de edad, pasó a revistar por el resto de sus días bajo pabellón español.

Luego de egresar de la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas, con los despachos de alférez de fragata el 3 de marzo de 1776, el destino lo trajo al Río de la Plata donde sirvió con el grado de capitán de navío en 1788, comandante general del Apostadero de Montevideo en 1796, Gobernador de las Misiones en 1802, Jefe de Escuadra en 1807 y héroe de la gloriosa Reconquista y Defensa de Buenos Aires durante los intentos de colonización británica en los años de 1806 y 1807 y penúltimo virrey del Río de la Plata, aspectos biográficos que no son el objeto de este trabajo ya que han sido tratados por eminentes historiadores como lo fueron Paul Groussac y Ezequiel Ortega. En cambio, nos referiremos a un aspecto poco difundido –me animaría a decir desconocido- como es la actuación de sus hijos refugiados en Europa y la fidelidad al legado espiritual que recibieran de su ilustre progenitor, mártir de la lealtad.

Pocos días antes de su detención y posterior ejecución, don Santiago Liniers, levantado en armas en defensa de Fernando VII, recibió en Córdoba, donde había establecido su residencia, un mensaje de su suegro, don Martín de Sarratea, a la sazón en Buenos Aires, por el que, haciéndole un patético llamamiento, trataba de disuadirlo de su actitud antirrevolucionaria. Pero Liniers ni siquiera vaciló ante la advertencia del peligro y desamparo en que quedaría expuesta su numerosa prole. Su respuesta fue la más firme negativa, consecuente con su ancestral formación tradicionalista, religiosa y monárquica.

Fechada en Córdoba, el 14 de julio de 1810, podemos afirmar que es el fiel testimonio del legado espiritual que dejara, como único bien, a sus desventurados hijos.

Aquel patético documento expresaba en su parte inicial un duro reproche a su suegro, cuando le dice:

“...no puedo ponderarle a Vuestra Merced el sentimiento que me ha causado el verle alucinado por los falsos principios de unos hombres que olvidando los principios más sagrados del Honor, de la Religión y de la Lealtad se han levantado contra el Trono, contra la Justicia y contra los Altares”.

Seguidamente le expone sus firmes convicciones, basadas en el honor, la fidelidad al Rey y su buen nombre, para fundamentar su inclaudicable determinación.

“¿Cómo siendo yo general, un oficial quien en treinta y seis años he acreditado mi fidelidad y amor al Soberano, quisiera Usted que en el último tercio de mi vida me cubriese de ignominia quedando indiferente en una causa que es la de mi Rey; que por esta infidencia dejase a mis hijos un nombre, hasta el presente intachable, con nota de traidor?”

En tan dramáticos momentos, Liniers tuvo la entereza de asumir la gravedad de su determinación, haciendo una conmovedora profesión de fe cuando confía en que la Divina Providencia protegerá a sus hijos del previsible desamparo, al mismo tiempo que les lega su único patrimonio, el espiritual, para que los guiara en su venturosa existencia, cuando le expresa que:

“Por último, Señor, el que nutre a las aves, a los reptiles, a las fieras y los insectos proveerá a la subsistencia de mis hijos, los que podrán presentarse en todas partes sin avergonzarse de deber la vida a un padre que fuese capaz por ningún título de quebrantar los sagrados vínculos del honor, de la lealtad, y del patriotismo, y que si no les deja caudal, les deja a lo menos un buen nombre y buenos ejemplos que imitar”.

Concluye su conmovedor testamento político solicitándole a su suegro que difunda su pensamiento respecto al gobierno revolucionario y su firme propósito de no claudicar, -parafraseando el Oriamendi- “pase lo que pase”.

“Señor, estimaré comunique usted la presente a cuantos le pregunten por mí, que quiero que todo el mundo conozca mi modo de pensar, en la inteligencia que con el dogal al cuello, ni con la cuchilla sobre la garganta desmentiré estos sentimientos”.

El nombre en francés de Don Santiago de Liniers y Bremond, según las actas de bautismo, era "Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond".


Fuente:

LOZIER ALMAZAN, Bernardo, “El Virrey Santiago Liniers y su descendencia legitimista”.

“ARGENTINOS ¡DE PIE!”

Raúl Scalabrini Ortiz (izquierda). Afiche alusivo a la nacionalización de los ferrocarriles en primera presidencia de Juan D. Perón (derecha).
Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Hace cincuenta años nos abandonó Raúl Scalabrini Ortiz (1898–1959). Una vida dedicada a los más puros ideales de arte y patria se extinguió hace medio siglo con la persona de Raúl Scalabrini Ortiz. Su nombre, desde ese momento, se integró indeleble a la historia de nuestras letras y nuestro pensamiento político.

Redactor editorialista de los diarios “La Nación”, “El Mundo” y “Noticias Gráficas”; crítico teatral de la revista “El Hogar”; fundador del diario “Reconquista”, editado en los inquietos días del año 1939, autor de “El hombre que está solo y espera”, la más lograda radiografía del porteño, “Política británica en el Río de la Plata”, “Historia de los ferrocarriles argentinos” y “Los ferrocarriles deben ser argentinos”, el ilustre escritor desaparecido puso en su obra de periodista, escritor económico y sociólogo, el sello de una vocación sin mácula y la impronta de un acendrado espíritu patriótico y de artista.

Convivían en Scalabrini Ortiz, en armónica conjunción de pensamiento y arte, los factores que alguna vez, dijo Keyserling, harían al escritor de mañana: la tribuna y la profecía, unidos a la expresión vivaz y depurada. Al igual que casi todos los escritores de nuestro pasado, ejerció un magisterio tanto artístico como social. La herencia de Echeverría y Sarmiento, pensadores consumidos por el fuego nativo, mitad artistas, mitad profetas de ideal y grandeza, se prolongaba en este obrero de la prosa que asignaba a su pluma una misión de redención social y engrandecimiento ciudadano. Libros como “Política británica en el Río de la Plata” e “Historia de los ferrocarriles argentinos” ilustran ampliamente acerca del objetivo que Scalabrini quiso y consiguió cumplir entre sus compatriotas. La primera de estas obras, presentaba una interpretación histórica argentina a través de la política sudamericana del Foreign Office y del Almirantazgo, revelando los pasos manifiestos y ocultos de los Lores en cuyas redes prietas quedaba anudada nuestra diplomacia a través de un panorama que se extendía desde la Revolución de Mayo hasta la creación del Banco Central. El segundo libro demolía, a su vez, el mito del riel “civilizador”, demostrando que, por el contrario dicho “riel” solo había causado estancamiento económico y atraso social a nuestro país. La tesis no sólo era seductora sino de demostración efectiva y convincente. Los ferrocarriles de la Argentina, fundamentos de nuestra soberanía económica, fueron creados y construidos por argentinos: el Oste llegaba hasta Chivilcoy y marchaba en procura de la cordillera cuando fue enajenado al extranjero. ¡Seis mil kilómetros de ferrocarriles nacionales contaba el país cuando aparecieron las locomotoras y los “wagons” de Birmigham para “civilizar” nuestro territorio!

Cuando Roca abandonó su presidencia en 1886, las vías férreas ya contaban la extensión antedicha, y en ese incremento hay que señalar realizaciones como la del Ferrocarril Andino. Originalmente se había planeado extender el ramal Villa María – Río IV a Mendoza y San Juan, con una eventual prolongación a Chile. El concesionario, Juan Clark, renuncia en 1881, y la construcción del Ferrocarril Andino pasa a ser responsabilidad del Consejo de Obras Públicas de la Nación. En mayo de 1885 el tren llega a Mendoza y luego a San Juan, con una baratura de costos y un rendimiento que asombra “La vía más barata y mejor construida de la República” dice Roca en uno de sus mensajes. Lo es a tal punto, que esos 500 kilómetros tendidos en cinco años aportan, en 1885, un millón de pesos a las Rentas Generales de la Nación. Algo similar ocurre con el Ferrocarril Central Norte, también propiedad de la Nación, que a partir de 1882 se transforma en una fuente de ingresos, autofinanciando dos de sus ramales y prolongándose a Salta.

Pero esta exitosa política estatal habría de clausurarse con la gestión presidencial de Juárez Celman. A los tres meses de asumir el poder se vende el Ferrocarril Andino… ¡al mismo Clark que había renunciado a construirlo! Además se le garantizó una ganancia del 5 por ciento sobre los 12 millones de pesos oro que había pagado para adquirir la línea. En diciembre de 1887 se enajenan los ramales del Central Norte y luego la red troncal, que fue comprada por una firma inglesa para transferirla días después al Córdoba Central Railway; también en este caso la Nación garantizó una ganancia del 5 por ciento a los adquirientes. Poco más tarde la provincia de Buenos Aires vende el ejemplar Ferrocarril del Oeste. “Los ferrocarriles de la provincia se llaman ahora “New Western Railway of Buenos Aires” ¿No se parece eso a la sombra de la bandera inglesa flameando sobre otro pedazo de territorio argentino con más derecho del que tiene para flamear sobre las Islas Malvinas” clamaba Carlos D´Amico en su libro “Buenos Aires, sus hombres, su política”, escrito en 1890.

Así, en menos de diez años, aquella política ferroviaria llevada a cabo por el Estado con sentido nacional se había frustrado. Contrariamente a la tendencia inicial de la década, en 1890 la mayoría de los 9.500 Km. de líneas férreas pertenecía al capital inglés (los franceses recién entraron en el negocio ferroviario en 1885). A partir de 1890, los ferrocarriles que en futuro construyera el Estado Nacional se tenderían en zonas alejadas, escasamente pobladas, como una medida de fomento; las grandes redes troncales eran inglesas.

Las voces de escándalo y alerta ante el despropósito de Juárez Celman – uno de los gobiernos más corruptos de nuestra historia, “ilustre” antecedente de los que harían con los ferrocarriles y el resto del patrimonio público los traidores a la Patria del siglo XX – fueron muchas. Se vendía, en pleno éxito de explotación, lo que el país entero había construido con su esfuerzo y su ahorro. Síntesis de estas opiniones es el comentario de El Nacional del 20 de julio de 1887: “¿Qué no se ha dicho de los ferrocarriles? Todo empréstito era poco para gastarlo en él. Ahora de la Casa Rosada sale esta prosa: el Gobierno “no” debe hacer ferrocarriles: se declara arrepentido de haberlos hecho…” Y sigue diciendo el diario: “El gran secreto financiero consiste, pues, en este doble procedimiento: defender los ferrocarriles del Estado para tener empréstitos, y renegar de ellos luego de ser administrados por el gobierno para vender los ferrocarriles para tener dinero”.

Como en tiempos recientes, acosado por una deuda creciente en oro, el gobierno de Juárez Celman intentaba hacerse de recursos vendiendo los ferrocarriles del Estado, con el pretexto de que el Estado era mal administrador… aunque las líneas enajenadas, tanto de la Nación como de la Provincia de Buenos Aires, fueran un modelo de buena gestión comercial. Todo ello acompañado por una intensa campaña de propaganda que negaba el esfuerzo del pueblo y proclamaba su infundada incapacidad e indolencia. Quienes tales cosas afirmaban y siguen afirmando desde los medios, ni siquiera se tomaron el modesto trabajo de investigar el origen de nuestra fuerza y desarrollo económico. Es por 1940, que la obra de Scalabrini Ortiz encuentra el cenit de su desarrollo y también es la fecha clave de la manumisión nacional. Hoy se reconoce, hasta en el último rincón del país, merced al esfuerzo denodado del escritor desaparecido, que el imperialismo extranjero coartó nuestros esfuerzos de emancipación y libertad y que el “riel civilizador” sólo sirvió para acuñar una locución desprestigiada e irónica.

Durante casi veinte años correspondió a estos documentos innovadores y lúcidos, despertar a la parte más calificada de la población al ejercicio de la verdad. Ninguno de los que gozaron de la “investidura de la palabra” entre nosotros, pudo ponerla como Scalabrini al servicio desinteresado del ideal de redención ajeno. He aquí por qué la figura del escritor se agiganta con perfiles de auténtico prócer nacional.

El magisterio del publicista, ampliado por ejercicio del periodismo, y, ocasionalmente de la tribuna, actuó siempre al margen de toda organización o partido político, contrariamente a lo que en la actualidad algunos afirman. La voz de Scalabrini Ortiz no era un altavoz, sino una conciencia. El nacionalismo que ella representaba es, en nuestro país, una mística que no ha podido articularse aún en “plataforma” partidaria ninguna. El pensamiento nacionalista argentino siempre fue una mística popular y no partido. Scalabrini vivió su pasión argentina y la hizo vivir al margen del bando y las urnas, hasta arder en su mismo fuego múltiple y generoso. Una, dos generaciones atrás de Scalabrini Ortiz, el ideal nacionalista no existía entre nosotros, adormecido por los tóxicos de la reacción y el colonialismo. Hoy, en cambio, representa el fuego en que se consumen los corazones de la patria comenzando por los proletarios. Dicho fuego representa la credencial de la subsistencia y salvación nacionales, antesala de la Argentina eterna que hombres como Scalabrini Ortiz profetizaron, entrevieron y, finalmente, ayudaron a erigir.

Inspirador y jefe de la combativa empresa de “Reconquista”, pulverizador de todos los mitos y cloroformos de la sumisión oligárquica – Scalabrini demostró que un obrero argentino, en 1940, se sostenía con el mismo régimen dietético y el número de calorías de un culí asiático o africano – bestia negra de la City y los innumerables servicios de inteligencia británicos, varias veces encarcelado por su pasión nacional emancipadora – el padre de quien escribe se enorgullecía de haber compartido con él una celda de la seccional 7º en una noche del lejano 1940 – y una de las figuras más altas de la generación a la que pertenecía, hoy es objeto de extrañas alquimias semánticas o artilugios ideológicos para ubicarlo en territorios que nunca recorrió.

La originalidad de Scalabrini Ortiz consistió en abordar la historia nacional y su realidad política contemporánea sin ningún tipo de condicionamiento ideológico. No adscribía a teorías políticas nacidas y desarrolladas en los países centrales pues logró forjar herramientas de análisis propias. Con él, el patriotismo nostálgico de una sociedad señorial, estática y autoritaria se transformó en un nacionalismo vigoroso, popular y revolucionario, que trascendía la añoranza de nación entendida como estancia propia. Un nacionalismo con olor a moho y hedores de sepulcro, fosilizado en las formas y el culto a los símbolos y absolutamente ajeno al análisis de los engranajes que garantizaban la dependencia; así como también su examen de la marginación y explotación de vastos sectores sociales trascendió el recurso de quienes practican un pensamiento de sirga, mediante la extrapolación de marcos teóricos ajenos, válidos en su contexto de nacimiento pero impracticables en otras latitudes y en otras épocas.

Scalabrini Ortiz fue la reencarnación en la Pampa, de las severas virtudes de un Catón implacable e insobornable. Lejos, muy lejos de las mezquindades políticas coyunturales. Es por ello que muchos desearon para él el destino de Narsés, el general de Bizancio, cegado y obligado a mendigar ante las murallas de Europa.

En los actuales momentos, signados por la confusión y la entropía, que al decir de Shakespeare parecerían integrar el relato de un loco, lleno de estruendo y de furia, que no significa nada, el testimonio vivencial de este luchador incansable se rige en atalaya para vislumbrar tiempos mejores.

Hasta siempre, tribuno, hoy más que nunca tu testimonio y enseñanzas siguen vigentes. Nosotros también estamos solos, desoladamente solos, y todavía seguimos esperando.

Fuente:

MUÑOZ AZPIRI, José Luis (h), “Argentinos ¡De pie!”, en http://www.nomeolvidesorg.com.ar/